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Historia de Campana – Ladrillos

Los primeros ladrillos se secaban al sol, hasta llegar a los ladrillos de molde o de máquina cocidos en hornos. Es pues que la primera ladrillera empezó en 1873 de la mano de don Esteban Conti. Este último ubica su fábrica y panadería llamada Del Molino, en lo que es hoy, el edificio 6 de Julio y la estación Axion.

Una de las obras en que se utilizaron los ladrillos de don Esteban, en 1877, fue la construcción de la Tahona de Lanfranchí y Balduzzi (hoy Escuela Nº 1 Hipólito Bouchard). La misma constaba de tres habitaciones al frente, el galpón de la molienda, y las caballerizas al fondo. La construcción la realizó Basilio Lépori, y fue él quien en 1882, siendo ya la Tahona de Balduzzi solamente, hizo también la ampliación y nueva dependencia para la maquinaria de vapor.

Por motivos de falta de pagos por las remodelaciones, Balduzzi termina asociándose con Conti y en 1897 vende el molino a este último. También la ladrillera de Conti junto con las de José Timo y Fermín Urdaniz en 1884 proveyeron los ladrillos para la construcción de la fábrica de alcohol de Devoto y Rocha.

Otras empresas ladrilleras fueron La Cerámica Argentina y La Campana. En tierras de Melitón Panelo (donde se encontraba el Club Esso y aledaños), Santiago Culter abre en la esquina de Arenales y De Dominicis su fábrica de ladrillos llamada Horno Chico. Tiempo después en 1888 se forma la sociedad con Culter, los hermanos Costa, Enrique Urien, José Hornos y José Cañé para fundar las cerámicas La Campana y La Argentina, esta última se dedicaba a la fabricación de tejas, baldosas y caños de barro.

En 1889 Culter vende a los demás socios la parte que le corresponde de la fábrica La Campana, y por 1890 vende su parte de la fábrica de caños a Enrique Urien. Siguiendo con la suerte de esta ladrillera, en 1890, Cané vende a Luís Costa parte de la empresa La Campana y Cerámica Argentina, y en 1894 son Urien y Hornos quienes venden su parte a los Costa, quedando estos últimos como propietarios de las dos cerámicas, las cuales pasaron a llamarse Horno Grande.

De la fábrica de ladrillos de los Costa, en 1893 se vende una parte a Augusto De Dominicis, quien tiempo después la compra en su totalidad y le cambia el nombre a La Cerámica, quien la usufructúa hasta 1913 (en sus ladrillos rezaba la inscripción “A.D.D” de un lado y del otro “Campana”; se dice que de estos hornos salieron los ladrillos para la construcción del Congreso Nacional).

En síntesis, las ladrilleras más antiguas que nacieron con el pueblo eran las de Urdaniz, Garrido, Timo, Costa y De Dominicis. Francisco Lavezzari tuvo sus hornos ladrilleros sobre Ruta 6, llamados El Alejandrino. Estos hornos empezaron circa de 1910, perdurando con Salvador, hijo de Francisco, hasta aproximadamente 1940. De estos hornos salieron los ladrillos para los paredones de Retiro.

Santiago Culter (1883) y la cerámica de Rómulo Otamendi. Esta última la adquiere el señor Martínez Honorio Casüdo Santiago en 1929, que con sus hermanos la pone en marcha después de casi ser destruida por una tormenta, pasándose a llamar Ladrillos Otamendi M.H.C.

Unas ladrilleras de esta misma época fueron La Esperanza de Orioli y Bernardi (1925) y la de Zampollini (ubicada en las actuales calles Buenos Aires y Dorrego).

Otros hornos contemporáneos fueron el de Rufatto (en calles Rivadavia y Bertolini), el de Cadaveira (sobre Marcelino Ugarte, hoy avenida Perón) y el de Don José Dallera (hoy barrio Dallera). Don Dallera compró sus tierras en 1908 y, tras haber trabajado en el ferrocarril, pone los hornos ladrilleros en la década del 20. Durante el incendio de la Petrolera, en 1934, los ladrillos de Dallera tuvieron gran demanda para la reconstrucción de edificios y comercios.

En 1946, en Otamendi sobre el kilómetro 67, se encontraba la cerámica Ilca de Fontana. Dentro de esta misma época estaban los hornos ladrilleros de Villanueva (en el actual barrio Villanueva), el de la familia Rizzo (en barrio Las Acacias), el de la familia Pagani en las actuales calles Sarmiento y avenida 6 de Julio y el de Melia en avenida Balbín y Ruta 12.

A principios de los años 50 nace la empresa Lacate, también dedicada a la fabricación de ladrillos huecos. Esta fábrica de moderna infraestructura no llegó a funcionar del todo, convirtiéndose luego en la metalúrgica Catema. Otra cerámica fue la Wlandia en el kilómetro 69, cerca de Otamendi.

FOTO 1: Fábrica de ladrillos “La Cerámica” de Augusto De Dominicis. Se ubicaba aproximadamente donde se encuentra el Club Esso y aledaños.

FOTO 2: Ladrillos de las ex fábricas de Antonio Dallera y Augusto De Dominicis, los mismos se encuentran en la vereda de la ex Pulpería La Federal.

Juan Cruz Fernández Ciancaglini

Profesor Andrés Suardini

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