En la sesión del Concejo Deliberante, realizada el 7 de agosto de 1901, se decidió dirigirse al señor Luis Costa para solicitar la donación o venta de las tierras donde se planeaba construir el cementerio de nuestro pueblo. Para ello se encomendó al Intendente Martín Castilla que se ocupara del asunto. Este se entrevistó con el señor Luis Costa y su esposa, los que manifestaron el deseo de donar a la Municipalidad de Campana, el terreno para concretar la obra, tan necesaria para dar sepultura a todos aquellos que fallecieron en esta zona, sin tener que llevarlos a Capilla del Señor o Zárate.
De inmediato se pidió la autorización del Concejo para aceptar la donación y firmar la escritura correspondiente, con la intervención del escribano Luis Pedro Jacob, pero hubo algunas dificultades para concretar la operación, ya que las tierras estaban arrendadas al señor Melitón Panelo, quien no podía hacer donación de las mismas pues no le pertenecían. Por su parte, el señor Luis Costa, no podía hacer donación de tierras que por contrato tenía arrendadas. Tratando de dar solución a este problema las tierras fueron traspasadas al dominio de la sociedad Puerto y Ciudad de Campana, entidad que debía donar el terreno al municipio, pero esta sociedad se disolvió luego de la revolución del 90, volviendo a las tierras al dominio de los Costa. Por fin la entrega de los terrenos se pudo efectuar en 1904.
El 19 de enero del año 1904, el señor Laguinge, en la sesión del Honorable Concejo Deliberante menciona que se debía dar preferencia a la construcción del Cementerio. De inmediato se resolvió comisionar al concejal Ibarra para que formulara un proyecto de ordenanza, el que fue presentado al concejo, siendo aprobado por unanimidad. El extenso trabajo establecía que el cementerio constaría de cuatro secciones, sepulcros y monumentos, nichos sepulturas en tierra y osario. Las obras que se debían realizar eran: el muro del frente, la puerta de entrada, la sala de autopsias, los depósitos de útiles, los nichos del frente, pieza, cocina y baño para el guardián, pozo semisurgente y osario. La construcción de las paredes que delimitaban la Necrópolis la realizó el constructor Nicolás Scarano quien lo hizo en el tiempo estipulado.
Recorrer las calles que surcan la necrópolis local puede transformarse en una curiosa y a veces sobrecogedora experiencia. Aquel que se demore ante las bóvedas y tumbas, algunas extrañas, otras fastuosas, la mayoría cargadas de leyendas y lea los epitafios o contemple las numerosas esculturas comprenderá por qué este lugar asombra e impacta.
En una breve recorrida pudimos apreciar el finísimo trabajo en mármol en la tumba de la familia Dragone, la hermosa placa de bronce en recuerdo del fogonero Cabot. La bóveda de la señora Lee Shaw, que pidió ser sepultada con su colección de libros, el ángel guardián que custodia la tumba de José Coleta y muchos otros aspectos que representan gestos y emblemas de una época que solo vive en las lápidas del Cementerio de Campana. La necrópolis alberga las sepulturas de personalidades destacadas de Campana, constituyendo un imponente registro de la historia local, es el estudio de la memoria colectiva y es valorado por su importancia cultural artística y arquitectónica. Además, guarda la historia de la comunidad, sus costumbres y se convierte en un lugar impregnado de conocimiento y sabiduría. Es un archivo material de la historia y la identidad de este pueblo.
Guillermo Guasconi



