Después de más de tres décadas dedicadas a la gastronomía y 14 años al frente de su restaurante, Gustavo De Battista y Jessica Kappes tomaron una decisión que transformó por completo su vida: vendieron sus pertenencias, cerraron una etapa en Argentina y emprendieron una travesía en motorhome por Sudamérica con su proyecto “Cocina y Música por el Mundo”. Desde Brasil, donde continúan desarrollando esta experiencia, compartieron con 2804 Informa cómo fue el proceso íntimo y profesional que los llevó a reinventarse y qué los impulsó a apostar por una forma distinta de vivir y trabajar.
Hay decisiones que no se toman de un día para el otro, pero que terminan cambiando una vida entera. Así es la historia de Gustavo y Jessi, quienes eligieron transformar su rumbo para unir sus profesiones con una pasión compartida: viajar. En diálogo con nuestro medio, hablaron desde el lugar donde se encuentran actualmente, en pleno recorrido por Brasil, y repasaron las dudas, los temores y las certezas que acompañaron el cambio.
Lejos de la rutina tradicional, pero fieles a su esencia, contaron qué significó cerrar una etapa profunda en la gastronomía y cómo construyen hoy una vida en movimiento, sostenida por la planificación, el trabajo y la convicción de que nunca es tarde para empezar de nuevo.
Para comprender el peso de esa decisión es necesario volver al inicio. Durante 30 años, la vida de Gustavo estuvo atravesada por la cocina. Oriundo de Campana, formado en Administración Hotelera y Gastronómica, hizo de la gastronomía una vocación sostenida con trabajo y constancia. Tras varios años viviendo en Europa, regresó al país con un objetivo claro: concretar el sueño que lo acompañaba desde siempre. Así nació, en 2010, “Degusta”, el restaurante que durante 14 años fue su proyecto central y también su hogar.
Junto a Jessi —oriunda de Bahía Blanca, DJ de música electrónica y estudiante de Marketing Digital en la UTN— construyeron un espacio que marcó una etapa intensa de sus vidas. La rutina giraba alrededor del restaurante. “Nuestra vida cotidiana anterior a salir giraba en torno al restaurante; el mismo nos marcaba la rutina de días y horarios, como así también demandaba mucha energía de parte nuestra”, explican. El trabajo no se limitaba a la cocina: era gestión, planificación, atención y decisiones constantes.
El restaurante no solo representó un emprendimiento, sino también un desafío sostenido en el tiempo, en un país donde emprender implica adaptación permanente. Degusta fue crecimiento, aprendizaje y comunidad. “Degusta fue una escuela donde todos aprendimos, en la que hubo momentos de mucho sacrificio y pasión detrás de todo, pero lo mejor que nos llevamos es el cariño de nuestros clientes y amistades”. El vínculo con la comunidad fue profundo. “Los Cardales nos acogió durante años y decirle adiós significó el cierre de una etapa grande en nuestras vidas”.
Pero después de tres décadas en el rubro, algo comenzó a movilizarse en el interior de Gustavo. No fue un agotamiento físico, sino una reflexión más profunda. “Después de 30 años en la gastronomía, Gustavo sentía que necesitaba un cambio”, cuenta Jessi. Lo que siguió no fue inmediato: fue un proceso que llevó años.

Hubo conversaciones, silencios, dudas y planes que parecían inminentes. “Hubo varias charlas, así como también varias fechas de salida fallidas, hasta que comprendimos que la fecha no era lo importante, sino el cómo. Sentíamos la necesidad de que ambos estuviéramos preparados mentalmente para el momento”. La decisión no podía ser impulsiva: debía ser compartida y consciente.
La determinación implicó soltar mucho más que un negocio. “Vendimos todas nuestras pertenencias, entre ellas el auto y los muebles. Y, no menos importante, también vendimos el restaurante”. Fue un desprendimiento material y emocional. “Todo esto significó desprenderse de recuerdos y dejar atrás muchos años”. También hubo aprendizaje: “Fue en ese momento cuando entendimos que se puede vivir con mucho menos”.
Así comenzó una nueva etapa bajo el nombre “Cocina y Música por el Mundo”, un proyecto que une sus profesiones con una pasión compartida: viajar. El proyecto nace, según explican, de esa combinación entre sus recorridos laborales y el deseo profundo de conocer el mundo. La intención no es solo recorrer lugares, sino nutrirse de cada cultura y transformarla en experiencias compartidas.
En sus redes sociales y en su canal de YouTube muestran no solo paisajes y recetas, sino también la organización real que implica sostener una vida en movimiento. Hoy destinan entre tres y cuatro días a la grabación de contenido y el resto del tiempo a la edición para YouTube y redes, dejando en claro que detrás de cada publicación hay planificación y trabajo constante.
Para esta travesía eligieron un motorhome como hogar. “Elegimos esta forma de viaje porque nos da la libertad de movernos a donde queramos, manejando nuestros tiempos”, explican. Sin embargo, la adaptación no fue automática. “Al comienzo fue incómodo para nosotros y nuestras mascotas pasar de una casa convencional a un motorhome con menos metros cuadrados. Esto implicó mantener un orden estricto dentro de la nueva casa”, reconocen.

Antes de salir, los miedos aparecieron con fuerza. “Los miedos fueron muchos: quedarnos sin plata, llevar todo lo necesario, temas de salud, inseguridad, problemas mecánicos”, enumeran. El momento previo, admiten, fue el más difícil. “Muchos miedos, así como dudas, pasan por la cabeza y creemos importante centrarse en el proyecto y recordar nuestras fuerzas y habilidades para afrontarlas”, reflexionan.
Días antes de la partida, mientras se despedían de la familia de Jessi en Bahía Blanca, la ciudad fue castigada por una fuerte inundación. Sin servicios básicos durante varios días, la situación los enfrentó a una realidad inesperada. “Poder acompañar y ayudar a la familia en lo posible fue aliviador. Saber que todos estaban bien nos dejó tranquilos”, recuerdan. La experiencia reforzó una idea que hoy sostienen con claridad: “El camino te va a poner dificultades, pero las fuerzas deben superarlas”.
Desde entonces recorrieron distintas regiones de Argentina, Chile, Paraguay y Brasil, sumando experiencias y encuentros en cada parada. Actualmente se encuentran en Maceió, en el estado de Alagoas, donde continúan desarrollando el proyecto y planificando los próximos destinos. A lo largo del trayecto fueron descubriendo un punto en común que se repite más allá de las fronteras: “Las culturas son todas diferentes, pero tienen un mismo denominador: la calidez de su gente”.
La convivencia permanente también transformó la dinámica de pareja. Con esta nueva vida aprendieron a dialogar más, a comprender y respetar las decisiones del otro, y eso —aseguran— los ayudó a entender que son un verdadero equipo. Lejos de idealizar la experiencia, mantienen una mirada realista: no romantizan esta vida nómade, sino que la siguen eligiendo cada día, con sus pros y sus contras.
Desde Campana hasta el nordeste brasileño, su historia no es solamente un viaje geográfico, sino la decisión consciente de escuchar una inquietud profunda y convertirla en acción. “Al soñar con algo así, uno lo puede visualizar, pero necesita planificación, conocer qué lo motiva a dar ese salto y saber que el futuro lo empieza a crear uno mismo”, explican.
Nada fue una reacción inmediata, sino el resultado de años de reflexión y aprendizajes compartidos. “Comprendimos que la fecha no era lo importante, sino el cómo lo llevaríamos a cabo”, sostienen hoy, mientras siguen sumando kilómetros y experiencias. El viaje también resignificó conceptos esenciales. “Aprendimos a valorar más el tiempo, que es finito. Y también a entender que el hogar lo hace uno mismo; no importa si es en una casa convencional o en un motorhome, el tamaño no importa”, reflexionan.

Su lema resume ese recorrido interior que comenzó mucho antes de encender el motorhome: “Uno no se puede quedar con la duda o el qué hubiese pasado si”. Porque, como repiten con convicción, “no es fácil, no es imposible, nunca es tarde”.
Y así, entre rutas, proyectos y nuevos horizontes, Gustavo De Battista y Jessica Kappes siguen escribiendo una historia que comenzó mucho antes de cruzar la primera frontera: la de animarse a cambiar.



