Médico intensivista y escritor de reconocida trayectoria, Víctor Racedo fue recientemente distinguido con el Primer Premio en un certamen literario realizado en Arrecifes. El reconocimiento funciona como punto de partida para una charla en la que reflexiona sobre el oficio de escribir, el cruce entre la medicina y la literatura y el valor de crear desde Campana, con una mirada profundamente humana y comprometida con la comunidad.
El reciente reconocimiento literario llegó para Racedo casi como una confirmación de un camino recorrido con constancia. La escritura, explica, forma parte de su vida cotidiana del mismo modo que la medicina: como una forma de observar, escuchar y comprender al otro. Desde esa doble mirada —la del profesional de la salud y la del narrador— construye historias atravesadas por la experiencia, la memoria y las emociones más profundas.
La relación de Víctor Racedo con la escritura comenzó hace muchos años, casi en paralelo con su formación médica. Según contó, sus primeros textos estuvieron vinculados al ámbito profesional, a partir de trabajos científicos presentados en congresos o destinados a publicaciones especializadas. “Cuando dejé de participar con mis escritos científicos y me dediqué exclusivamente al área asistencial, nunca abandoné la escritura. Como siempre me gustó escribir, continué con la ficción; hoy es mi hobby, mi cable a tierra”, explicó.
Ese recorrido silencioso y constante tuvo en los últimos meses un reconocimiento concreto, que el propio Racedo resume de esta manera:
“Durante el mes de diciembre se resolvieron varios certámenes en los que participé y en los que recibí tres premios. Uno de ellos fue el Primer Premio en un certamen literario de microrrelato realizado en Arrecifes, donde mi obra ‘La manija del ataúd’ se impuso en la categoría Adultos.
Los otros dos reconocimientos los obtuve en Campana, en el marco de Amanecer Literario, un certamen anual de alcance nacional organizado por CAL (Campana Amanecer Literario), donde recibí el Primer Premio en poesía y el Tercer Premio en cuentos”.
Ese camino también se refleja en sus publicaciones. En 2016 editó su primera novela, Como San Cayetano, una obra que —aclara— no tiene relación con la religión. “Es la historia de dos médicos que estudiaron juntos, pero que luego llevan vidas totalmente diferentes y se van buscando; la novela es, justamente, la unión de esas dos historias”, explicó.
En 2018 publicó El arquitecto, una novela atravesada por la historia y centrada en la evolución de un inmigrante y su proceso de crecimiento personal y social. Más tarde, en 2022, junto a Lilia Rodas y Mariana Lirusso, presentó Malvinas, 40 años. Veinte cuentos y un perdón, un libro que tuvo una muy buena repercusión y fue presentado y leído en numerosas provincias.
“Después de eso escribo siempre que puedo, cuando tengo tiempo, y muchas veces, cuando surge algún certamen, utilizo alguno de esos textos que voy creando y otras escribo específicamente para cada certamen”, agregó, dejando en claro que la escritura continúa siendo una presencia constante en su vida.
Si bien Racedo aclara que no traslada de manera directa historias del consultorio o de la guardia a sus textos, reconoce que su experiencia como médico especialista en Terapia Intensiva atraviesa su escritura de forma inevitable. Los protagonistas de sus cuentos, muchas veces, se ven envueltos en situaciones propias de la vida cotidiana que él conoce de cerca por su profesión: decisiones difíciles, momentos límite, fragilidades humanas. En ese sentido, su obra se nutre de vivencias personales y profesionales, una idea que él mismo resume con claridad: “Nadie escribe sobre lo que no conoce. Si bien no es autobiográfico lo que escribo, muchas veces mis personajes viven situaciones que yo he visto o vivido”.
Con el paso de los años y la acumulación de experiencias, su escritura también fue transformándose. En ese proceso no solo cambiaron los temas y las miradas, sino también la manera de abordar cada historia. Desde esa perspectiva, reflexiona:
“Fue cambiando mi forma de escribir con el tiempo, porque uno mejora y aprende. En la medida en que uno va leyendo y aprendiendo de esa lectura, todo va evolucionando. Hoy creo que escribo mucho mejor que antes y un poco peor que dentro de unos años”.
Su vida profesional como médico, y en particular su trabajo en el área de Terapia Intensiva, lo ponen a diario en contacto con situaciones límite, donde la vida y la muerte están siempre presentes. Esa cercanía, reconoce, atraviesa inevitablemente su escritura. “En casi todos mis textos eso está plasmado, aunque no es algo que tenga que aparecer sí o sí”, explica. En el caso de sus novelas, señala que le interesa especialmente trabajar con el misterio y la expectativa: “A mí me gustan las incógnitas; son esas cosas que te van atrapando y te hacen buscar una resolución”.
Racedo también atribuye la llegada de sus libros al fuerte vínculo que mantiene con la comunidad. Su participación en distintas entidades culturales, sumada a su rol como médico en la ciudad, generó con el tiempo un reconocimiento cercano y sostenido. “Tengo mucha interacción con la comunidad, el boca a boca es muy importante”, afirma. A ese entramado se suman otros hitos de su trayectoria, como haber sido autor del tango que representa a Campana y la distinción recibida en 2018 por parte de la CUCEI, cuando fue reconocido con la Orden de la Campana.
“Todo este combo hace que mi relación con los vecinos sea buena y que entiendan que escribir es mi cable a tierra. Hay muchas situaciones que nos resultan difíciles; tanto mi trabajo como el de mucha gente atraviesa momentos complejos, y tener un cable a tierra es fundamental”, reflexiona. En su caso, la escritura cumple ese rol. “Es mi momento de descarga, un espacio personal. Un momento clave en el que esto me sirvió mucho fue durante la pandemia, un tiempo muy duro para todos, pero que para nosotros, como médicos, fue tremendo”, agrega.
A modo de cierre, Racedo deja un mensaje para quienes sienten inquietud por la escritura o por alguna expresión artística, aun cuando su vida profesional transcurra por otros caminos. “Si te gusta escribir, tenés que escribir para vos, no para alguien ni por alguien”, señala. Destaca, además, que existen numerosos espacios de participación y encuentro: “Hay muchos grupos y sociedades culturales donde no todos son escritores; también va gente a la que le gusta leer o acercarse a la escritura”.
Lejos de plantearlo como una recomendación solemne, lo define con sencillez: “Más que un consejo, es un empujoncito: escriban sin miedo y participen”.
En esa misma línea, reflexiona sobre una de las mayores dificultades del oficio. Para Racedo, el verdadero desafío de la escritura no pasa necesariamente por escribir o publicar, sino por lograr que los textos encuentren lectores. “Lo más difícil no es escribir ni publicar, sino que la gente te lea. Cuando eso se logra es algo muy difícil, pero a la vez único: que alguien se interese genuinamente en tu material”, expresa.
Con ese objetivo claro desde el comienzo, tomó una decisión poco habitual. “Yo empecé con la idea puesta en que la gente me leyera, por eso mis dos primeras obras las doné”, cuenta. Su primer libro fue entregado al Grupo Esperanza y el segundo al Rotary Club, que utilizó lo recaudado para la compra de un ecógrafo destinado al hospital. “Todo eso ayudó a que la gente se interesara en mi escritura”, explica.
Ese recorrido, marcado por el compromiso social y el vínculo con la comunidad, fue construyendo con el tiempo una relación cercana con los lectores. Para Racedo, su tercer libro es la consecuencia natural de ese proceso: un camino que se fue afirmando paso a paso, sin atajos y con una fuerte convicción en el valor de compartir la palabra.



