Reconocida acuarelista campanense fue premiada en una importante exhibición de arte nacional. Obtuvo el 3° premio en “Divina Contemplación 2025” por una obra realizada in situ en Aicuña, La Rioja, y reafirma su trayectoria marcada por la sensibilidad, la búsqueda permanente y el amor por el paisaje.
Además de ser una referente indiscutida de la acuarela en Campana, Adela Rojas acaba de sumar un nuevo reconocimiento a una carrera extensa y coherente: obtuvo el tercer premio en la exhibición de arte “Divina Contemplación 2025”, un evento de alcance nacional e internacional que reunió a artistas de distintos puntos del país y del extranjero.
La misma se realizó en la Galería de Arte Estímulo de Bellas Artes a principios de diciembre. La obra distinguida por el jurado fue realizada in situ en Aicuña, La Rioja, durante una experiencia de pintura al aire libre que puso en diálogo paisaje, tiempo y emoción.
Desde una historia personal profundamente ligada al dibujo, Rojas recordó que su vínculo con el arte comenzó en la infancia, casi de manera instintiva. “Mi mamá siempre decía que yo pinté desde chica. Dibujaba en la tierra, pintaba animales, usaba lo que tuviera a mano, desde un carbón hasta un palito”, relató entre risas, al evocar una niñez en la que, mientras otros chicos jugaban, ella encontraba refugio en el acto de dibujar.
Incluso en la escuela, esa inclinación se hizo evidente muy temprano. Cuenta que en la primaria una maestra llamó a su madre porque Adela se aburría en clase y se dedicaba a dibujar los márgenes de las hojas. “Querían que me lo prohibiera porque me distraía mucho”, recordó con humor.
Sin embargo, lejos de ser un obstáculo, el dibujo se convirtió en una herramienta: era la encargada de hacer láminas informativas y su carpeta de arte quedó en la escuela como ejemplo, por pedido de los docentes.
Asimismo, una profesora fue quien sembró una certeza que marcaría su futuro. “Siempre me decía que tenía que dedicarme al arte, que veía potencial, que tenía condiciones”, mencionó. Aún así, según nos contó, el camino no fue lineal: en un primer momento comenzó a estudiar veterinaria, hasta que comprendió que no era lo que la hacía feliz. “Ahí entendí que tenía que dedicarme a lo que me gustaba y me apasionaba de verdad”, afirmó.
En ese recorrido, un hecho externo terminó de definir su rumbo. En 1983, una gran inundación en el Delta de Gualeguaychú obligó a su familia a mudarse a Campana. Desde allí comenzó a viajar a Buenos Aires para formarse en el Estímulo de Bellas Artes, donde estudió dibujo, pintura y todas las técnicas que se le cruzaban.
“Yo quería aprender todo”, aseguró, hasta que encontró en la acuarela su lugar definitivo. “Probé todas las técnicas, pero la acuarela fue la que más me gustó. Y hace más de 40 años que pinto con este material”.
Por otra parte, explicó que lo que la enamoró de esa técnica fue su imprevisibilidad y su libertad. “Me gustan los pigmentos cuando se mezclan, dejar una mancha, irme, dejar que seque y volver ansiosa a ver cómo quedó. Es fantástica”, describió. Para Rojas, la acuarela es una técnica infinita, que “no encierra sino que se expande, permitiendo que los colores se fusionen y dialoguen entre sí”.
Con el tiempo, esa elección se tradujo en una trayectoria sólida y reconocida. Desde 1992 participa de salones y exposiciones, recibiendo premios y menciones de manera constante. Entre ellos, destaca el reconocimiento otorgado en 2004 por Rotary Club Internacional, que le entregó una mención de plata por su actividad artística en la comunidad, incluyendo murales, obras religiosas y tapas de libros de escritores locales.
En cuanto a su búsqueda artística, Rojas aseguró que es permanente. “Cada pintor tiene un estilo muy marcado, con bordes definidos. A mí me gusta que los colores se fusionen, que no haya límites tan rígidos”, explicó.
En esa línea, actualmente se encuentra ilustrando fragmentos de Cien años de Soledad, de Gabriel García Márquez, una obra que la inspiró luego de leerla en un taller literario al que asiste desde hace más de dos décadas. De ese proceso surgieron 14 acuarelas donde el espacio se construye a partir de manchas y transparencias.
Respecto a su participación en “Divina Contemplación 2025”, la artista cuenta que llegó a través de su vínculo con grupos de pintura plein air. “Cuando veo encuentros de acuarelistas, me anoto”, dijo. Así fue como, a partir de contactos generados en exposiciones y encuentros previos, comenzó a formar parte de las actividades organizadas por Manchas Plein Air, que incluyeron jornadas en Capilla del Señor, Punta del Este y el Parque Sarmiento, entre otros escenarios.
Finalmente, la experiencia en La Rioja resultó decisiva. “Pintar in situ es maravilloso. Te inspirás en los paisajes, en los colores de la naturaleza, en las texturas. Poder plasmar lo que uno ve con los ojos a través de la acuarela y el pincel es algo único”, describió.
Su obra, realizada en ese contexto, fue seleccionada por un jurado y obtuvo el tercer premio, cuyo reconocimiento incluyó un viaje artístico.
Sobre ese momento, confesó que “la emoción fue tan grande que ni siquiera escuché el anuncio completo. Yo sentía que con haber sido reconocida ya había ganado”, afirmó, y agregó con emoción que la obra premiada quedó en la institución, algo que “duele un poco”, aunque lo asumió como parte del camino.
Para cerrar, Adela Rojas aseguró atravesar una etapa de plenitud. Tras años dedicados intensamente a acompañar a su familia y a sus nietos, hoy volvió a enfocarse de lleno en el arte.
Este año realizó tres exposiciones individuales y ya proyecta nuevas obras, entre ellas una que recorra las generaciones de su familia, desde su bisabuela hasta su nieta. “Es un placer enorme poder estar haciendo lo que me gusta. Estoy muy feliz”, concluyó.



