La rodilla es, sin duda, una de las articulaciones que más carga recibe en el cuerpo humano y constituye uno de los motivos más habituales de consulta. En este artículo, desarrollaremos brevemente sus patologías más frecuentes, destacando la importancia de las evaluaciones y tratamientos actuales que nos permiten resolver diversas condiciones y, fundamentalmente, trazar un camino terapéutico hacia el éxito.
Desarrollo y contexto actual
En la práctica cotidiana de la kinesiología integral y deportiva, las disfunciones de rodilla representan un desafío constante. Estadísticamente, después de las afecciones de espalda, son las consultas más recurrentes.
Nos enfrentamos a una población muy heterogénea: desde deportistas de alto rendimiento hasta amas de casa, trabajadores y estudiantes. Si tuviéramos que singularizar las características de este grupo tan diverso, notaríamos que el dolor de rodilla se manifiesta de distintas formas según la etapa vital:
Etapa infanto-juvenil: Muchas consultas se inician entre los 11 y 13 años. Aquí, la interpretación clínica se centra en los cambios del crecimiento osteoarticular y muscular, donde el cartílago de crecimiento debe adaptarse progresivamente al movimiento y a la evolución física.
Adultos jóvenes y procesos degenerativos: Al ser la articulación que más carga administra, el proceso de envejecimiento biológico —que suele manifestarse con mayor claridad después de los 30 o 40 años— empieza a hacerse presente. En esta etapa, la artrosis suele aparecer como una entidad conocida, ya sea por desuso o por sobreuso.
Adultos mayores y vida laboral: Las personas en edades intermedias y avanzadas someten a sus rodillas a grandes exigencias, ya sea por el propio peso corporal o por cargas externas en sus tareas laborales. Es vital detectar estos riesgos a tiempo mediante la kinefilaxia (prevención), analizando posiciones sostenidas (estar mucho tiempo sentado, de pie o en cuclillas) que actúan como factores de riesgo.
El impacto del sedentarismo, la modernidad y la postpandemia
La falta de movimiento afecta directamente la salud articular. Los hábitos modernos nos alejan de la actividad física necesaria, a lo que se sumó el impacto de la pandemia, que interrumpió procesos de entrenamiento y prácticas deportivas. Esta irregularidad en el movimiento aún sigue generando secuelas que debemos regularizar con el tiempo.
Estabilidad y movilidad: “La orquesta funcional”
La ciencia y la experiencia nos indican que el deporte requiere estímulos específicos. Siempre hacemos hincapié en el trabajo propioceptivo (la conciencia del propio cuerpo). Este aprendizaje se basa en dos pilares: estabilidad y movilidad.
Debemos abordar la rodilla integralmente, desde su estructura (su arquitectura) y su función. Esta articulación es un complejo conjunto de meniscos, ligamentos y músculos que deben funcionar en armonía, como una orquesta. Para que esta “orquesta” suene bien, la evaluación funcional —tanto en camilla como en campo— es fundamental para conocer nuestra verdadera forma de movernos.
Identificación del dolor y patologías comunes
A diferencia de la espalda, la rodilla está “a mano”, lo que facilita que el paciente identifique la zona de dolor. Generalmente, las molestias se agrupan en cuatro regiones: por encima de la rótula, por debajo de ella, en las caras laterales (interna/externa) o en la región posterior.
Entre las condiciones más comunes que diagnosticamos mediante evaluación profesional y estudios de imagen, se encuentran:
- Artrosis y sinovitis.
- Tendinitis y esguinces.
- Lesiones ligamentarias y meniscopatías.
La estabilidad de la rodilla depende de dos componentes: el intraarticular (estructuras internas) y el muscular (principalmente el cuádriceps y músculos adyacentes). En deportistas, son frecuentes las lesiones por gestos repetitivos como saltos y carreras.
Conclusión
Los movimientos inadecuados, las repeticiones excesivas y las posiciones sostenidas son mecanismos de lesión que debemos considerar. Es fundamental desarrollar una clara autopercepción de cómo nos movemos día a día para detectar factores de riesgo a tiempo.
Con la ayuda profesional adecuada, podemos prevenir dificultades y mejorar nuestra calidad de vida. Que así sea, por nuestra salud.
Pablo Javier Miranda Prof. y Lic. en Educación Física y Deportes Lic. en Kinesiología y Fisiatría (Kinesiólogo Deportivo)



