El crecimiento industrial de Campana a comienzos del siglo XX estuvo estrechamente ligado al desarrollo del frigorífico River Plate Fresh Meat Company, uno de los establecimientos más importantes de la región. Sin embargo, detrás del movimiento fabril y ferroviario que impulsó la economía local, también existió una realidad marcada por los accidentes laborales, la falta de medidas de seguridad y los constantes reclamos obreros.
Diversos episodios registrados en la época permiten reconstruir las difíciles condiciones de trabajo que enfrentaban diariamente cientos de trabajadores dentro del frigorífico.
Uno de los primeros hechos documentados ocurrió el 24 de septiembre de 1903, cuando el obrero Luis Ríos sufrió graves heridas al no poder sostener sobre sus espaldas el peso de medio novillo. La totalidad de la media res cayó sobre su cuerpo, provocándole lesiones de consideración.
El 28 de septiembre de 1903 un nuevo accidente dejó nuevamente al descubierto la peligrosidad de las tareas realizadas en el establecimiento. Un grupo de obreros que efectuaba la estiba de caños de gran peso sufrió el derrumbe de la carga. Lorenzo Baggio resultó gravemente herido y debió ser trasladado al Hospital Inglés; Domingo Lavalle sufrió una profunda lesión en una de sus piernas; José D’Pietro recibió múltiples contusiones y otros trabajadores padecieron severas fracturas. Según denunciaban los propios obreros, la respuesta empresarial frente a estos episodios fue prácticamente inexistente.
Los accidentes continuaron repitiéndose con el paso de los años. El 5 de noviembre de 1915 ocurrió uno de los hechos más trágicos registrados dentro del frigorífico: una pequeña locomotora eléctrica que realizaba maniobras ferroviarias descarriló y volcó, provocando la muerte de Raúl Sosa, un niño trabajador de apenas 12 años que se desempeñaba como “guardagujas” operador de cambios de vía, en la actualidad el mismo posee descendencia en Campana siendo el Doctor Luis Sosa sobrino.
La presencia de menores desempeñando tareas industriales no era excepcional en aquella época y reflejaba la difícil situación social que atravesaban numerosas familias obreras.
Años más tarde, en abril de 1922, un nuevo accidente volvió a generar fuertes críticas hacia la empresa. Un trabajador sufrió una grave fractura en una de sus manos durante maniobras ferroviarias realizadas dentro del frigorífico. Los delegados gremiales responsabilizaron nuevamente a la patronal, denunciando que los trenes obstruían el paso de los obreros justamente en los horarios de ingreso al trabajo.
Según expresaban los representantes sindicales, muchos trabajadores se veían obligados a cruzar entre los vagones detenidos para no perder el jornal por llegar tarde. Ante el peligro constante, solicitaron a la empresa la construcción de un paso a distinto nivel alto o bajo nivel que permitiera garantizar una circulación segura para el personal. Sin embargo, el reclamo no obtuvo respuesta favorable.
Estos episodios forman parte de una historia muchas veces relegada: la de los trabajadores que sostuvieron el crecimiento industrial de Campana exponiendo diariamente su salud y sus vidas en condiciones laborales sumamente precarias.
Autores: Profesor Andrés Suardini y Juan Cruz Fernández



