En un tiroteo ocurrido en la zona de la barranca, vecina al hospital San José, a las 15:30 horas, del domingo 16 de enero, donde se produjeron más de 60 disparos, terminó muerto Antonio Rodríguez Otero, español, nacido en 1890, en Ganceiros, provincia de Orense; quien llegó a nuestra localidad desde el puerto de Vigo, a la edad de 16 años y era empleado de la destilería Itaca, quien según la prensa “no tendría nada que ver con los manifestantes”, cosa poco verosímil; es más algunos medios sostienen “que se encontraba paseando por el lugar”. El incidente se originó cuando la policía trató de impedir que marchara una columna de huelguistas hacia la plaza Eduardo Costa para realizar allí una asamblea.
Antonio Rodríguez Otero fue literalmente fusilado por cuatro gendarmes y un cabo, el fallecido se domiciliaba en la calle San Martín y Paraná (actual calle Becerra) de esta localidad.
Sus restos fueron velados en la sede del Centro Gallego (actual intersección de las calles San Martín con Bulevar Sarmiento), pero en circunstancias que su cuerpo era trasladado hacia este lugar para ser velado, se produce un tiroteo del cual resultaron gravemente heridas tres personas y el teniente de los gendarmes, por imponer este último una orden inconsulta y arbitraria en dicho momento. No satisfechos con lo ocurrido los efectivos se introdujeron violentamente dentro del local donde se efectuaba el velatorio, atropellando brutalmente a los que se encontraban dentro de él, volando el cuerpo del desafortunado Antonio Rodríguez Otero y sacándolos a golpes de machete y culatazos. El local fue despejado quedando dentro de él solamente el cadáver.
Ese mismo día lunes a las 17:00 horas, comenzó el traslado de los restos hacía nuestra necrópolis municipal. No menos de 1500 personas estaban presentes, sacado el féretro, fue conducido a pulso desde el Centro Gallego, por San Martín, tomando luego la calle Ferrocarril y por último Rivadavia, a medida que el cortejo avanzaba, iba creciendo el número de acompañantes al extremo que próximo a la plaza Eduardo Costa la columna era imponente.
Cerca de 4000 personas, la componían al llegar a nuestra necrópolis, donde al ser depositado el cadáver, hicieron uso de la palabra el delegado de la F.O.R.A y los obreros de la Sociedad Unión Obrera de Resistencia, Marsena, Gausant y Lilla.
El acta de defunción, se realizó el 17 de enero, por la cual se pueden recabar algunos datos más, según los testimonios que tomara en esos momentos, el jefe del Registro Civil el señor Julio Celestino Simini; al momento de morir contaba con 26 años de edad, era hijo de Diego Rodríguez y Rosa Otero; declararon como testigos Domingo Rodríguez de 28 años y Ramón Rodríguez de 36 años, primos de la víctima; la autopsia fue realizada por el Dr. Alejandro Kuperman.
Por temor a que los sucesos recrudezcan se envió desde La Plata, el día 17, un piquete de gendarmes de 30 hombres al mando del mayor Cejas que junto a los efectivos de la subprefectura y la policía local eran un total de 200. El martes 18, “los obreros contratados” – engañados- por la refinería, lograron salir de la misma y por la tarde tomaron el tren de regreso a la capital, sino antes exteriorizar el malestar que sentían por el trato recibido dentro de la misma. Hay que aclarar algo con respecto a los rompehuelgas, la patronal sabía que dentro de los que llegaban había un grupo acostumbrado a pelear y a matar y les servía; la mayoría inservibles, sin disciplina y sin conocimientos de las tareas a desarrollar, a pesar de ello un grupo quedó ya que eran útiles.
Ese mismo día, por pedido de la comisión huelguista, intervino el Centro Unión y Comercio, mediante los señores Pablo Carreto, presidente; José María Sánchez; Esteban Laguinge; N. Angelet; Miguel Raffo; Esteban Raffo y Ángel Dellepiane; solamente para frenar los atropellos policiales, dejando bien en claro no hacerlo en apoyo a ninguna tendencia ideológica.
Profesor Andrés Suardini y Juan Cruz Fernández



