A los 20 años, Gonzalo Valderrama empieza a escribir uno de los capítulos más importantes de su vida deportiva. El joven futbolista nacido en Campana acaba de concretar su llegada a Ciudad de Bolívar, club que disputará por primera vez la Primera Nacional, y se prepara para afrontar un desafío que no solo marca un salto profesional, sino también personal.
“Gonzalo Valderrama es un chico humilde y de familia que está decidido a perseguir sus sueños”, dice al presentarse, con palabras simples que resumen un camino largo, exigente y lleno de aprendizajes. Su relación con el fútbol comenzó muy temprano. A los 4 años empezó a jugar en una escuela de fútbol de Campana llamada El Clásico y, poco tiempo después, llegó su primer club. “Mi primer club fue Nueva Chicago, a los 7 años, en infantiles. Fue un lugar donde fui muy feliz y pude demostrar que tenía ganas y futuro”, recuerda.
Como les sucede a muchos chicos en la Argentina, el fútbol dejó de ser un juego para transformarse en una meta concreta desde muy pequeño. “Siempre supe que quería ser futbolista profesional. Se lo planteé a mis papás a los 7 años como algo serio y gracias a ellos, que me acompañaron siempre, se fue dando”, cuenta. Ese tipo de decisiones tempranas suelen traer consigo un crecimiento acelerado, con responsabilidades que llegan antes de tiempo y que obligan a madurar rápido.
Luego de completar su formación en Chicago, apareció una oportunidad que marcó un quiebre en su carrera. “Tuve la chance de que un club como Boca Juniors quisiera comprar mi ficha. Jugué un año ahí, pero después hubo un cambio de dirigencia y no se llegó a un acuerdo ni con Boca ni con Chicago, así que me quedé con el pase en mi poder”, relata. A partir de ese momento, su camino lo llevó a Racing Club, donde terminó de formarse como futbolista. “Llegué a Racing gracias a un contacto, quedé desde Octava, hice todas las juveniles y en Sexta empecé a sumarme a la Reserva, donde pude sumar minutos hasta el año pasado”, explica.
Su paso por Racing fue mucho más que fútbol. “Me dejó mucho en lo futbolístico, pero sobre todo en lo personal, porque viví en la pensión del club y crecí ahí, crecí dentro de Racing”, señala. Vivir lejos de la familia, adaptarse a una nueva ciudad y convivir con otros jóvenes que atraviesan procesos similares es una experiencia que marca. En ese camino también hubo momentos duros. “Hubo situaciones muy difíciles, como perder al ser más importante de mi vida o alejarme de personas por mi profesión, pero nunca dudé de lo que quería y soñaba. Ese siempre fue mi objetivo”, confiesa.
La llegada a Ciudad de Bolívar surgió a través de su representante y fue una propuesta que lo convenció desde el inicio. “Desde el primer momento la vi como una muy buena oferta”, asegura. Firmar su contrato fue la confirmación de años de esfuerzo. “Es un logro difícil de describir, porque uno lo naturaliza, pero es para lo que me preparé toda la vida y lo voy a seguir haciendo”, expresa.
Hoy se siente fuerte, acompañado y enfocado. “Estoy en un momento muy bueno en lo personal, bien conmigo mismo, con mi familia, mi pareja y mis amigos. Me siento fuerte para lo que viene”, afirma. A pesar de los cambios, las mudanzas y las exigencias del fútbol profesional, hay algo que no cambia: el vínculo con su lugar de origen. “Representar a Campana es algo muy lindo y lo llevo a todos los clubes donde me tocó y me tocará. Siempre voy a sentir amor por el lugar de donde vengo”, dice, con un orgullo que se repite a lo largo de la charla.
Dentro de la cancha se define con claridad. “Soy un jugador con buena técnica, firme en la marca y con personalidad”. Y cuando habla de objetivos, vuelve a poner el foco en el grupo. “Primero quiero que, como equipo, lleguemos lo más lejos posible en el ascenso. En lo personal, meter buenos partidos y ser cada vez más profesional”.
Con apenas 20 años, Gonzalo Valderrama representa a tantos jóvenes que empiezan a soñar desde chicos, crecen lejos de casa y se forman en el camino, sin olvidar nunca de dónde vienen. “Mi meta es poder vivir de esto, sea donde sea. Trabajar de lo que amás no tiene precio. Y, obviamente, un sueño sería jugar o representar a la Selección en un futuro”, concluye.



