Nacido en Gualeguay, Entre Ríos, y radicado desde hace casi tres décadas en Campana, Gustavo Sandoval construyó una historia de esfuerzo que trascendió las paredes de su comercio. Al frente de Panadería Fénix, se convirtió en un vecino comprometido con el deporte, la solidaridad y las necesidades de la comunidad. Tras recibir un reconocimiento del Rotary Club Campana, repasó sus comienzos, el valor de la familia y la importancia de tender una mano sin esperar nada a cambio.
Hay personas que logran hacer de su trabajo mucho más que una forma de ganarse la vida. Son aquellas que encuentran en su actividad diaria una herramienta para construir vínculos, generar oportunidades y estar presentes cuando la comunidad más lo necesita. Gustavo Sandoval es una de ellas. Comerciante, vecino y referente solidario, lleva 29 años desarrollando su actividad en Campana y ha sabido ganarse el cariño y el respeto de gran parte de la ciudad.
Nacido en Gualeguay, Entre Ríos, llegó a Campana a los 17 años acompañado por unos amigos, con el deseo de progresar y construir su propio camino. Los primeros años no fueron sencillos: trabajó en distintas panaderías de la ciudad, aprendiendo el oficio y ganando experiencia, hasta que decidió dar un paso importante y alquilar su primer local para comenzar a desarrollar su propio negocio.
Su historia como comerciante comenzó con una pequeña panadería ubicada en Rawson y Estrada, llamada El Entrerriano. Más tarde continuó en el barrio Las Acacias con el mismo nombre, hasta que pudo concretar uno de sus mayores sueños: construir su actual local sobre Avenida Intendente Varela 639.
Sin embargo, su vínculo con la panadería había comenzado mucho antes. De chico, en su Entre Ríos natal, dio sus primeros pasos en el oficio trabajando en una panadería llamada Fénix. Allí aprendió no solo las tareas del rubro, sino también el valor del esfuerzo y la cultura del trabajo, enseñanzas que lo acompañarían durante toda su vida.
Años más tarde, cuando pudo concretar su propio local en Campana, aquellos recuerdos volvieron a aparecer y fueron determinantes a la hora de elegir el nombre del local.
“Cuando empecé a hacer este local me acordé de cuando era chico y trabajaba en una panadería en Entre Ríos que se llamaba Fénix. Ahí fueron mis comienzos y por eso decidí ponerle ese nombre”, cuenta.
Con el paso de los años, el crecimiento comercial fue acompañado por un fuerte compromiso con la comunidad. Gustavo se convirtió en un vecino presente, involucrado en actividades solidarias, colaborando con instituciones y acompañando iniciativas deportivas y barriales, un recorrido que fue reconocido recientemente por el Rotary Club con una distinción que recibió con enorme emoción.
Lejos de vivirlo como un logro individual, Gustavo entiende que el premio representa el resultado de una forma de actuar y de entender la vida que fue construyendo a lo largo de los años, siempre de la mano del trabajo, la familia y el compromiso con los demás. Para él, cada acción solidaria, cada colaboración con una institución o cada gesto hacia quienes atraviesan una situación difícil forman parte de un mismo camino, uno que nunca buscó reconocimientos, pero que hoy encuentra una devolución en el cariño y la valoración de la comunidad.
Asegura que la distinción del Rotary lo sorprendió y lo emocionó profundamente, porque siente que detrás de ese reconocimiento están reflejados años de esfuerzo y también el acompañamiento de quienes estuvieron a su lado en cada proyecto.
“Fue una satisfacción muy linda y una alegría inmensa saber que todo lo que hice y hago tiene su recompensa. Este premio es fruto de eso”, expresa.
El reconocimiento de la comunidad, asegura, es algo que valora profundamente. No por la exposición pública, sino porque siente que las acciones realizadas a lo largo de los años dejan una enseñanza para quienes lo rodean.
“Que la gente de Campana reconozca todo este trabajo es algo muy gratificante y también un ejemplo para mi familia”, afirma.

Pero la historia de Gustavo no se limita al comercio y a la solidaridad. El deporte ocupa un lugar importante en su vida y, especialmente, Villa Dálmine. Durante años acompañó al club y tuvo la posibilidad de vivir desde adentro una de las etapas más importantes de la institución, marcada por los ascensos y el crecimiento deportivo.
Al recordar aquellos años, se le dibuja una sonrisa. No habla solamente de los resultados obtenidos dentro de la cancha, sino de las amistades y los vínculos que quedaron para siempre.
“Fue algo muy lindo que no voy a olvidar nunca, porque me dejó muchas amistades y hasta el día de hoy sigo teniendo contacto con mucha gente”, recuerda.
Ese amor por el deporte y, sobre todo, por los chicos fue el que años más tarde lo llevó a impulsar la Copa Fénix, un torneo de baby fútbol que rápidamente encontró un lugar en la agenda deportiva local. La iniciativa nació con una idea clara: demostrar que desde el sector privado también se pueden generar espacios de encuentro y oportunidades.
“La idea surgió en conversaciones con los organizadores y fue tomando forma con un objetivo muy claro: que, a partir de esta propuesta, otros comercios e instituciones se animen a sumarse y a impulsar iniciativas similares. Creo que, entre todos, podemos generar más espacios de encuentro y oportunidades para los chicos, que son quienes más lo necesitan”, señala.
Sin embargo, cuando se le pregunta de dónde nace esa necesidad permanente de ayudar, Gustavo no duda demasiado. Habla desde la emoción y desde las experiencias vividas, convencido de que las pequeñas acciones pueden cambiarle el día a alguien.
“La verdad es que las ganas nacen de hacer cosas por los chicos, porque ver a un chico feliz no tiene precio”, dice.
Esa filosofía de vida quedó especialmente reflejada durante las inundaciones que golpearon a Campana y la región. Mientras muchas familias atravesaban momentos de angustia e incertidumbre, él y su familia se organizaron para colaborar con alimentos y asistencia.
“Fue un momento difícil porque ves que perdieron todo. Pero, por otro lado, fue muy reconfortante porque pude ayudar y ver que la mano que dimos junto a mi familia valió la pena, porque cada uno recibió algo”, relata.
En cada una de estas iniciativas hay un sostén fundamental: su familia. Gustavo destaca especialmente a su esposa, con quien comparte la misma visión sobre la importancia de ayudar a los demás.
“Tuve la suerte de conocer a mi señora, que piensa como yo, en ayudar sin esperar nada a cambio. Ella me acompaña en todo y ese es el ejemplo que le damos a nuestros hijos”, cuenta.
A lo largo de los años, Gustavo aprendió a convivir con las exigencias propias del comercio y con ese impulso permanente de ayudar a quienes lo necesitan. Lejos de organizar cada acción o de buscar un equilibrio perfecto, asegura que la solidaridad forma parte de su vida cotidiana y de la de su familia, y que muchas veces las ganas de colaborar aparecen de manera espontánea, sin demasiadas vueltas.
“Siento que no hay equilibrio. Las cosas surgen y no las pensamos demasiado. Siempre tratamos de darle para adelante y aportar desde el lugar que nos toca, con lo que podemos y de la manera que esté a nuestro alcance”, resume.
Al momento de hablar sobre el compromiso social, Gustavo evita las generalizaciones. Sabe que la realidad económica actual no es sencilla y que muchos comerciantes atraviesan el día a día haciendo un enorme esfuerzo para sostener sus negocios. Por eso, considera que ayudar no es algo que deba recaer únicamente en un sector de la sociedad, sino que cada uno puede colaborar desde sus posibilidades.
“No creo que tengan que ser solamente los comerciantes los que ayuden, porque hoy muchos están peleándola y viven el día a día, así que entiendo perfectamente que a veces se hace difícil. Pero el que tenga la posibilidad, estaría buenísimo que pueda colaborar. Y lo mismo las empresas o cualquier persona que quiera ayudar. Creo que no importa quién seas o cuánto tengas, sino las ganas de aportar algo para la comunidad”, reflexiona.
Su sensibilidad frente a las necesidades ajenas tiene raíces profundas. Gustavo sabe lo que significa atravesar momentos difíciles y por eso valora especialmente la posibilidad de tender una mano a quienes lo necesitan. No habla desde la comodidad, sino desde la experiencia de haber pasado carencias y de haber aprendido que, aun en los momentos más complejos, la ayuda de otros puede cambiar una realidad.
“Hoy es un privilegio poder hacerlo. La situación no está fácil, pero yo viví lo que es no tener nada, salir a pedir para comer y pasar frío. Saber que cada chico o cada familia pueda recibir ayuda es algo que no se puede explicar. El ayudar y colaborar está en mí y en mi familia, y agradezco poder hacerlo”.
Antes de despedirse, Gustavo deja una reflexión que resume buena parte de su historia y de los valores que intenta transmitir día a día. Habla de la importancia de involucrarse, de estar presente y de no mirar para otro lado cuando alguien necesita una mano.
“Me gustaría que cada uno, desde su lugar y con lo que pueda, se anime a colaborar, ayudar o estar presente en cada situación o actividad que haga falta. Porque hoy le puede tocar al otro, pero mañana podemos ser nosotros”.
Antes de despedirse, Gustavo deja una reflexión que resume buena parte de su historia y de los valores que intenta transmitir día a día. Habla de la importancia de involucrarse, de estar presente y de no mirar para otro lado cuando alguien necesita una mano. “Me gustaría que cada uno, desde su lugar y con lo que pueda, se anime a colaborar, ayudar o estar presente en cada situación o actividad que haga falta. Porque hoy le puede tocar al otro, pero mañana podemos ser nosotros”. Esa manera de entender la vida es la misma que Gustavo intenta llevar adelante desde hace más de dos décadas al frente de Panadería Fénix. Ubicada en Avenida Intendente Varela 639, la panadería permanece abierta las 24 horas desde hace 22 años y se ha convertido en un punto de referencia para los vecinos de Campana, no solo por la calidad de sus productos, sino también por el trato cercano y el compromiso permanente con la comunidad.
Después de casi tres décadas como comerciante, Gustavo Sandoval sigue apostando a los mismos valores con los que llegó a Campana: el trabajo, la familia y la convicción de que una comunidad crece cuando sus vecinos se comprometen a construirla entre todos. Su historia demuestra que el éxito no se mide únicamente por los logros comerciales, sino también por la capacidad de tender una mano, generar oportunidades y dejar una marca positiva en la comunidad. Una filosofía de vida que hoy encuentra reconocimiento, pero que, sobre todo, continúa vigente en cada gesto solidario, en cada proyecto que impulsa y en las puertas siempre abiertas de Panadería Fénix.




