miércoles, abril 1, 2026
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Vivir de otra manera: la propuesta de Antonio Fuego Moretti

Con más de dos décadas de trayectoria en permacultura, bioconstrucción y diseño de ecoaldeas, el campanense Antonio Fuego Moretti presenta su primer libro, “Vivir en armonía”, una obra que reúne experiencias, aprendizajes y una mirada concreta sobre formas de vida basadas en la sustentabilidad, la cooperación y el equilibrio con el entorno.

En diálogo con 2804 Informa, repasó el recorrido que lo llevó desde las aulas de Campana hasta espacios académicos de América Latina y Europa, integrando su formación como ingeniero y docente con una búsqueda personal que fue tomando forma con el tiempo. Su nombre circula en distintos ámbitos internacionales, aunque mantiene un fuerte vínculo con la ciudad, donde continúa ligado a la educación.

Ese camino encuentra hoy un nuevo punto de expresión en su primer libro, una propuesta accesible que, a través de once capítulos, aborda la permacultura, la economía circular y las comunidades resilientes, con eje en la cooperación, la autosuficiencia y el desarrollo local.Al momento de presentarse y repasar su recorrido, Moretti lo resume con claridad: “Sucede que soy más conocido fuera del país como FUEGO, aquí en Campana, Argentina, me conocen como COLO Moretti. Tengo 61 años, soy padre de Gaspar y Renata, estudié en la Escuela Normal, promoción 1982, 5° Bach TM. Me dediqué a dar clases en escuelas secundarias y actualmente doy clases en la UTN FRD. Fuera del país he dado conferencias magistrales en muchas universidades de Latinoamérica, recientemente en La Sapienza, en Italia, y también he dictado cursos sobre permacultura, bioconstrucción, ecoaldeas y herramientas agroecológicas permaculturales.”

En ese proceso, la escritura apareció como una forma de ordenar ideas, sintetizar experiencias y, al mismo tiempo, dejar una huella. Así explica el origen de su primer libro: “Hace más de 2 décadas me dedico a la permacultura, bioconstrucción y diseño de ecoaldeas, dando cursos, talleres y conferencias en México, Honduras —donde sufrí un infarto—, Costa Rica, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil, Uruguay, Chile, España e Italia. Sentí el deseo de perdurar en el tiempo y así nació la idea. Me gustaría que sirva como un manual para quienes quieran vivir un mundo distinto, que se convierta en una herramienta de cambio.”

De esta manera, el libro no solo surge como un proyecto editorial, sino como una síntesis de vida, donde cada experiencia, cada viaje y cada aprendizaje encuentran un sentido común: compartir una mirada distinta sobre el mundo y ofrecer herramientas concretas para quienes buscan transformar su forma de vivir. Lejos de pensarlo solo como una publicación, Moretti lo vive como una instancia de balance sobre el camino recorrido y lo que aún queda por transmitir. “Ya en la etapa del ocaso de mi vida hay momentos en que reflexiono mucho. Siento haber vivido una vida bien, capacitándome para cuidar al planeta y, de alguna manera, dejar una especie de legado, uno de muchos más que están en publicación. No quiero robar el espacio de los escritores, no lo soy; solo he escrito experiencias de estos más de 20 años, y honestamente me siento satisfecho con el libro.”

A medida que avanza la nota, queda claro que el libro no se construye desde conceptos abstractos, sino desde una experiencia concreta, acumulada en años de trabajo y aprendizaje en distintos contextos. Allí aparece uno de los ejes centrales de la obra: compartir un recorrido real, con sus aciertos y también con sus errores.

“Mi intención es contar un poco lo vivido, cómo la permacultura es la ciencia del presente y del futuro, cómo las bioconstrucciones cuidan el planeta, cómo las ecoaldeas son las organizaciones más soberanas y justas que conozco, donde las economías circulares, bioeconomías y trueques, entre otros métodos de utilización del dinero, no dependen de si sube o baja el dólar, si hay o no inflación, si la bolsa sube o no.”

En esa línea, el propio Moretti define con claridad el espíritu de la obra y el público al que busca llegar: “Este libro está creado para toda persona que quiera un cambio en su vida, un cambio que puede ser total o parcial. Yo, por ejemplo, hago permacultura urbana, vivo en la ciudad, trabajo en la UTN y, sin embargo, hago permacultura. Cuando veo a alguien que conozco y voy en mi coche, sabiendo que va para los lugares que voy —la UTN uno de ellos— lo subo, así no paga remis. Es lo que se llama colaboración. Lo individual hoy en día es lo que gobierna, pero lo que nos va a salvar es lo comunitario.”

En ese marco, y en continuidad con lo planteado anteriormente, al momento de pensar en la viabilidad de este modelo en el contexto actual, Moretti descarta la idea de que se trate de una propuesta teórica o difícil de aplicar. Por el contrario, sostiene que ya existen experiencias concretas que demuestran su funcionamiento, tanto en Argentina como en otros países, y que el desafío no pasa por la falta de ejemplos, sino por la decisión individual y colectiva de llevarlo adelante.

“En Argentina hay muchas ecoaldeas, La más famosa es GAIA, donde durante más de 30 años se ha capacitado a miles de personas de todo el mundo; una de esas personas soy yo. Mi maestro, el doctor Gustavo Ramírez, es un referente latinoamericano. Invito a todos a que vayan a visitar alguna ecoaldea y, si quieren ver todos los engranajes completos de cómo funcionan, vayan a GAIA. Es posible para quien quiera hacerlo realidad” comenta.

A la hora de trasladar todo ese recorrido al libro, Moretti optó por una estructura progresiva, pensada para acompañar al lector desde los conceptos más generales hacia los más específicos, respetando una lógica de aprendizaje. “El libro tiene 11 capítulos y lo fui armando de acuerdo a cómo se dan las secuencias de aprendizajes, desde los conceptos generales hasta los más específicos. Empieza con una introducción a la permacultura, luego avanza sobre la bioconstrucción —materiales y técnicas—, el diseño de ecoaldeas y las herramientas agroecológicas. También aborda la economía circular y el dinero comunitario, los enfoques regenerativos en la agricultura y la sustentabilidad a largo plazo. Después profundiza en la creación de comunidades resilientes, la soberanía y seguridad alimentaria en las ecoaldeas, y la idea de cooperación junto con la competición como forma de convivencia. Finalmente, en el último capítulo, realizo mi humilde aporte a las ecoaldeas. De alguna manera, plasmé las tesis de grado y de posgrado en un lenguaje más simple, donde todo el que quiera acceder a ellas es solo cuestión de pedirlas.”

Dentro de ese recorrido, reconoce que hay un tramo particularmente significativo, vinculado directamente con su experiencia personal y su manera de entender el aprendizaje. “En el capítulo 11 trato de aportar humildemente lo aprendido durante los más de 20 años que estoy en estos temas. Siento que todos tenemos la posibilidad de transmitir desde las vivencias, que seguramente resonará en algunas personas y en otras no. Aquí no es cuestión de adoctrinar: yo invito a que lean y que vean que hay un mundo posible distinto. Si luego resuena, pues bien… ¡bienvenido al equipo!”

Esa construcción colectiva que atraviesa el libro también se refleja en las voces que lo acompañan desde el inicio, no solo como respaldo, sino como parte de un recorrido compartido a lo largo de los años. Para Moretti, la elección de quiénes escriben los prólogos no fue un detalle menor, sino una forma de integrar a la obra a quienes marcaron su camino y sostuvieron su formación en distintos momentos.

“Quise algo diferente, algo singular en el libro: que tenga tres prólogos de personas que admiro. Gustavo Ramírez, mentor de Gaia; Neila Rodríguez, coordinadora de Namasteam; y Gisela Montes, una psicóloga que es mi sostén. Con ella hice muchos cursos en Gaia y en la Eco Escuela El Manzano, en Chile, donde realizamos el curso vivencial de un mes, ese curso es dictado por Gaia Education, una institución que capacita en 87 países con su propio diseño curricular, que no está bajo ningún ministerio de educación de ningún país, pero quien lo realiza ya no vuelve a ser la misma persona.”

Ese entramado de vínculos, experiencias y aprendizajes también se refleja en la diversidad de referentes que formaron parte de su recorrido, en un proceso que, lejos de ser individual, se construyó a partir del intercambio constante con otros. “Una de las personas que me acompaño en este camino es Gustavo Ramírez, de Gaia. También Gernot Minke, de Alemania; Michael Reynolds, de Estados Unidos; Stefano Soldati, de Italia; Raúl y Ricardo Vélez, de México; Carlos Placitelli, de Uruguay; Marcos Nenguem, de Brasil; Marco Aresta, de Portugal; José Torres, de Colombia; Bruno Bellettini, de Ecuador; Pacha y Emigdio Buillon, de Bolivia, y tantos otros que esta respuesta se extendería por varias hojas.”

Más allá del libro, su trabajo también se refleja en la forma en que entiende la enseñanza, como una extensión directa de ese mismo espíritu que atraviesa toda su propuesta. Siempre dice que el saber debe ser compartido, jamás privativo, y que lo que sabe lo comparte sin mezquindad. “El planeta necesita cambios urgentes, entonces colaborar es fundamental. Busco dejarles claro que hay un mundo distinto posible y que ese mundo depende pura y exclusivamente de nosotros, y que se conviertan en replicadores de estos conociCIERTOS —me gusta más que conociMIENTOS—.”

En esa misma línea, recuerda que su paso por las aulas en Campana también fue un espacio para acercar estos conceptos, donde —según señala— sus propios ex alumnos pueden dar cuenta de cómo integraba estos temas en sus clases, combinando herramientas técnicas con una mirada ambiental y formativa orientada a generar pensamiento crítico. “Muchas veces les hablaba de estos temas dentro de lo que fue mi materia, Tecnologías de la Información y la Comunicación (NTICX). La educación debe ser ambiental, pero ambiental verdaderamente, no como slogan o moda, sino como política educativa pública. Es fundamental: cuanto más educado es un pueblo, menos se lo adoctrina. Que el ciudadano sepa decidir por sí mismo lo que es bueno para él, para los demás y para el planeta.”

Frente a la crisis ambiental, Moretti pone el acento en el rol de las comunidades como una alternativa concreta para reducir el impacto y volver a una relación más equilibrada con el entorno. Desde su mirada, el eje está en recuperar lo local y repensar los hábitos de consumo.

“Las comunidades minimizan el uso de la energía embebida, la energía para transportar alimentos de un país a otro, cuando debemos comer lo que produce la tierra y el agua local. El bacalao noruego o el jamón ibérico que llegan a Argentina tienen un costo de transporte y refrigeración muy elevado. Entonces, las ecoaldeas piensan global, pero actúan local.”

Antonio sostiene que este tipo de organización permite fortalecer economías cercanas, generar trabajo en el propio territorio y promover alimentos más naturales, recuperando una lógica que durante mucho tiempo fue parte de la vida cotidiana. Al mismo tiempo, plantea una reflexión sobre el modelo actual, donde muchas veces la producción se orienta más al resultado económico que a las necesidades reales de las personas.

En ese sentido, esa misma mirada se traslada a los vínculos, donde la cooperación aparece como un valor central para construir comunidades más equilibradas “La competición, y sobre todo la competición mal aplicada, nos lleva a un individualismo… al ‘yo y nadie más que yo’. En cambio, la cooperación, lo comunitario, es por el bien de todos. Tenemos que dejar de hablar de YO y empezar a hablar de NOSOTROS.”

En el plano personal, Moretti intenta que ese camino que propone no quede solo en lo teórico, sino que se refleje en sus decisiones cotidianas, en una búsqueda constante de coherencia entre lo que dice y lo que hace. “Trato de ser lo más coherente posible: minimizo el consumo de agua, minimizo el consumo eléctrico, minimizo los gastos superfluos. Estará totalmente integrado cuando vaya a vivir a una ecoaldea; será, si llego a vivir, a los 65 años.”

Esa misma coherencia se proyecta también en la idea de legado, entendida no desde lo material, sino desde el impacto que cada acción puede dejar en el tiempo. “Intento dejar la menor huella ecológica posible. Hoy consumimos más del doble de lo que el planeta produce en un año; como la Tierra tiene ahorros, todavía no nos damos cuenta. Siento que, habiéndome graduado como ingeniero en sistemas, donde todo es numérico, abrir los ojos a un mundo que no es tecnológico como lo aprendí en la universidad me dio la sabiduría de entender que con todo el dinero del mundo no puedo comprar un segundo más de vida. Entonces… ¿para qué quiero todo el dinero del mundo? Si todos los días Dios nos deposita 86.400 segundos de vida, esa es la verdadera riqueza, somos millonarios.”

En cuanto a la presentación del libro, Moretti adelanta que será la editorial la encargada de definir los detalles, aunque ya hay algunas certezas. “Tengo entendido que será en Buenos Aires, alrededor de la segunda quincena de abril de 2026. Me prometieron que estará en su stand en la Feria del Libro 2026, y también en SADE Campana, donde el presidente Guillermo Fontes me dijo que haremos una presentación.”

Más allá de la publicación, su mirada sigue puesta en quienes quieran dar el primer paso hacia este tipo de vida, entendiendo que el cambio comienza por la información y la búsqueda personal. En ese sentido, señala que el primer paso es acercarse a la permacultura: hay mucho material disponible, especialmente los libros de David Holmgren y Bill Mollison, considerados los mentores de esta disciplina.

En ese camino, el objetivo del libro es claro: generar una transformación, por pequeña que sea, en quien lo lea. “Ojalá prenda una chispita de cambio en quien lea el libro, aunque sea lento, pero es un buen inicio: saber qué cambiar, querer cambiar y empezar a cambiar, y que le resulte atrapante la lectura.”

Mientras tanto, ya proyecta nuevos desafíos que continúan ampliando ese recorrido. “Estoy con un segundo libro titulado Los viajes de Fuego, donde cuento sobre cada país, cada universidad, cada ecoaldea, cada comunidad y cada pueblo originario que fui visitando, y cómo intenté e intento integrar los saberes ancestrales con los universitarios académicos. Y seguramente otro libro más adelante que profundice estos temas… quién dice que como ingeniero en sistemas soy un buen escritor.”

Al momento de sintetizar su filosofía, la respuesta vuelve a lo esencial: el equilibrio. Según explica, la armonía se construye a partir de un balance entre lo interno y lo externo, una búsqueda permanente que no se alcanza de una vez y para siempre, sino que se trabaja en lo cotidiano. “Para mí es fundamental la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.”

Esa coherencia, que atraviesa su historia, su trabajo y ahora también su libro, se proyecta como una invitación concreta hacia otros. Lejos de quedar en una idea abstracta, su planteo apunta a algo simple y a la vez profundo: volver a lo compartido, construir en conjunto y entender que otra forma de vivir no solo es posible, sino que empieza —como todo cambio— por una decisión.

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