En esta ocasión, el campanense Antonio Fuego Moretti presenta una nueva entrevista al Dr. Gustavo Ramírez, fundador de la ecoaldea Gaia en Argentina, reconocida internacionalmente por su trabajo vinculado a la permacultura, la vida comunitaria y el desarrollo sustentable.
—Gustavo, con tantos años de experiencia en ecovillas y siendo fundador de Gaia, una referencia en este tipo de comunidades, ¿qué debemos hacer cuando sentimos que la tierra nos llama?.
“Imaginar y tejer otro mundo posible, necesario y urgente. No venimos a ofrecer certezas; venimos a sembrar preguntas. Y comprender que la esperanza, cuando se comparte, puede transformarse en una fuerza política, espiritual y amorosa. Cada vez más personas sienten ese llamado: un susurro antiguo y profundo que invita a volver al origen, a la tierra viva, al murmullo de los árboles y al latido del campo”, comienza diciendo Ramírez.
El referente de Gaia sostiene que no es casual que muchas personas busquen hoy refugio y sentido en la naturaleza.
“Como ocurre en El Eternauta, ese relato que sigue estremeciendo generaciones, el colapso ya no parece solamente una ficción. Muchos perciben que algo está cambiando profundamente y esa sensación aparece en el inconsciente colectivo. La ficción empieza a sentirse cotidiana.
Frente al abismo no nos salvamos solos. Nos buscamos, nos reunimos y empezamos a crear estrategias colectivas para sostener la vida. Así nacen las comunidades sustentables, las ecovillas y las granjas permaculturales. Brotan como semillas nuevas entre las grietas del sistema”, expresa.
Para Ramírez, esos espacios representan mucho más que una forma alternativa de habitar. Allí la esperanza vuelve a tener cuerpo. El aprendizaje florece entre cosechas, trabajo compartido y encuentros humanos. Y la vida vuelve a cantar su melodía más antigua y luminosa.
Por eso estamos aquí: para acompañar esos caminos, tender puentes y recordar que otro mundo no solo es posible, sino que ya está naciendo. Tierra adentro. Abrazo a abrazo. Mano con mano. Aquí, en plena montaña, en el contacto profundo con la naturaleza, buscamos ser faro para quienes se atreven al viaje.
Porque sí: nadie se salva solo. Pero juntas, juntos y juntes podemos volver a comenzar”, concluye.



