sábado, mayo 23, 2026
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La tierra llama: nadie se salva solo

En esta ocasión, el campanense Antonio Fuego Moretti presenta una nueva entrevista al Dr. Gustavo Ramírez, fundador de la ecoaldea Gaia en Argentina, reconocida internacionalmente por su trabajo vinculado a la permacultura, la vida comunitaria y el desarrollo sustentable.

—Gustavo, con tantos años de experiencia en ecovillas y siendo fundador de Gaia, una referencia en este tipo de comunidades, ¿qué debemos hacer cuando sentimos que la tierra nos llama?.

“Imaginar y tejer otro mundo posible, necesario y urgente. No venimos a ofrecer certezas; venimos a sembrar preguntas. Y comprender que la esperanza, cuando se comparte, puede transformarse en una fuerza política, espiritual y amorosa. Cada vez más personas sienten ese llamado: un susurro antiguo y profundo que invita a volver al origen, a la tierra viva, al murmullo de los árboles y al latido del campo”, comienza diciendo Ramírez.

El referente de Gaia sostiene que no es casual que muchas personas busquen hoy refugio y sentido en la naturaleza.

“Como ocurre en El Eternauta, ese relato que sigue estremeciendo generaciones, el colapso ya no parece solamente una ficción. Muchos perciben que algo está cambiando profundamente y esa sensación aparece en el inconsciente colectivo. La ficción empieza a sentirse cotidiana.

Frente al abismo no nos salvamos solos. Nos buscamos, nos reunimos y empezamos a crear estrategias colectivas para sostener la vida. Así nacen las comunidades sustentables, las ecovillas y las granjas permaculturales. Brotan como semillas nuevas entre las grietas del sistema”, expresa.

Para Ramírez, esos espacios representan mucho más que una forma alternativa de habitar. Allí la esperanza vuelve a tener cuerpo. El aprendizaje florece entre cosechas, trabajo compartido y encuentros humanos. Y la vida vuelve a cantar su melodía más antigua y luminosa.

Por eso estamos aquí: para acompañar esos caminos, tender puentes y recordar que otro mundo no solo es posible, sino que ya está naciendo. Tierra adentro. Abrazo a abrazo. Mano con mano. Aquí, en plena montaña, en el contacto profundo con la naturaleza, buscamos ser faro para quienes se atreven al viaje.

Porque sí: nadie se salva solo. Pero juntas, juntos y juntes podemos volver a comenzar”, concluye.

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