miércoles, febrero 25, 2026
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Campedrinos, una historia que sigue sonando fuerte

Con una trayectoria iniciada en 2009 y forjada en escenarios de todo el país, Campedrinos vive uno de los momentos más importantes de su carrera. El dúo integrado por Sergio Prada, de Campana, y Agustín Fantili, de San Pedro, recibió el Premio Consagración en la 66.ª edición del Festival Nacional de Folclore de Cosquín, el máximo reconocimiento a las figuras emergentes con mayor proyección. La distinción reafirma su recorrido artístico y los posiciona como referentes de una nueva generación que revitaliza el folclore con identidad propia.

En el mapa actual del folclore argentino, Campedrinos ocupa un lugar que no es casual ni circunstancial. El dúo logró consolidarse como una propuesta que combina respeto por la tradición con una sensibilidad contemporánea, construyendo un puente generacional que amplía el alcance del género. Con presencia sostenida en escenarios nacionales y una proyección cada vez más fuerte en plataformas digitales, su recorrido refleja una evolución artística coherente y constante.

En diálogo con 2804 Informa, Sergio Prada y Agustín Fantili repasaron ese recorrido y reflexionaron sobre el presente que hoy los encuentra en una etapa de consolidación. La reciente distinción en el Festival Nacional de Folclore de Cosquín aparece, en ese contexto, como la confirmación de un proceso sostenido a lo largo de los años y como el reconocimiento a una identidad artística que fue madurando con cada escenario recorrido. El Premio Consagración no solo valida el camino transitado, sino que impulsa una nueva etapa de expansión, con desafíos que proyectan al dúo más allá de las fronteras argentinas.

Detrás del nombre Campedrinos, hoy asociado a escenarios multitudinarios y reconocimientos nacionales, hay una historia que comenzó de manera simple, casi casual. Antes de los festivales y los discos, hubo una fila, una charla y una guitarra compartida. Ellos mismos recuerdan aquel primer cruce que terminaría marcando el rumbo de sus vidas: “Nos cruzamos de casualidad en la fila de Talento Argentino allá por 2009. Empezamos charlando, guitarra en mano, y nos dimos cuenta de que compartíamos el mismo amor por el folclore. Lo que arrancó como una amistad y una guitarreada terminó siendo un proyecto de vida que ya lleva muchos años y con un montón de sueños cumplidos.”

Aquel cruce no fue solo una coincidencia simpática para contar en entrevistas: fue el punto de partida de una construcción artística que se fue afirmando con constancia. En los primeros años, el dúo recorrió peñas y festivales regionales, escenarios donde se aprende a sostener una canción más allá de las condiciones técnicas y donde el contacto con el público es directo, sin intermediarios. “Esa etapa fue nuestra escuela. Aprendimos a leer al público, a bancarnos escenarios chicos y grandes, a cantar, aunque haya ruido o poca gente. El contacto directo con la gente nos marcó para siempre y nos enseñó que el folclore se comparte cara a cara.”

Con el paso del tiempo, el crecimiento dejó de ser exclusivamente local. Las presentaciones comenzaron a multiplicarse en distintos puntos del país y el proyecto tomó una dimensión nacional. En ese proceso, identifican un momento bisagra que les permitió comprender que el camino estaba dando frutos. “Sentimos un quiebre cuando empezamos a girar más seguido por todo el país y vimos que nuestras canciones propias empezaban a ser cantadas en cada lugar al que llegábamos, por públicos de todas las edades.”

Escuchar sus propias composiciones en boca del público fue, para ellos, una señal clara de consolidación. Ya no se trataba solo de interpretar el género, sino de aportar un repertorio propio que comenzaba a formar parte de la memoria colectiva de quienes los seguían.

Ese paso hacia una identidad definida tuvo un punto clave en 2015 con el lanzamiento de su primer disco, Magia. La edición de ese material significó asumir el desafío de presentarse con canciones propias y afirmarse dentro del folclore argentino. “Magia fue animarnos a dar un primer paso grande. Poner nuestras canciones en lo que fue nuestro primer disco nos dio identidad y confianza. Fue cuando entendimos que ya éramos un dúo con una voz propia.”

Con el paso del tiempo fueron adquiriendo una dimensión cada vez más sólida. Las giras, los escenarios recorridos y la experiencia acumulada fueron moldeando no solo el sonido del dúo, sino también su forma de entender el folclore y el lugar que ocupan dentro del género. Ese crecimiento artístico estuvo acompañado por una evolución personal que inevitablemente impactó en la manera de interpretar y de pararse frente al público. “Crecimos mucho, como músicos y como personas. Antes éramos más festivaleros, hoy también nos permitimos mostrar el costado romántico y más sensible. La interpretación cambió porque también cambiamos nosotros”, agregan.

Esa evolución, sin embargo, no significó romper con el origen ni diluir la identidad que los formó. Por el contrario, el crecimiento artístico estuvo acompañado por una reafirmación consciente de sus raíces. “Siempre partimos de la raíz, eso no se negocia. Después nos damos el gusto de jugar con sonidos actuales porque es lo que escuchamos y sentimos. La clave es el respeto por el género y hacerlo desde un lugar honesto”, sostienen.

Con el correr de los años, el crecimiento artístico comenzó a verse reflejado también en reconocimientos dentro del circuito nacional. Las distinciones no llegaron como un punto aislado, sino como consecuencia de un trabajo sostenido en el tiempo y de una identidad que fue ganando espacio dentro del género. “Son una caricia enorme al esfuerzo. No son el objetivo principal, pero te confirman que vas por buen camino. Los sentimos como un empujón para seguir creyendo”, expresan.

En paralelo, Campedrinos observa con entusiasmo el renovado interés por el folclore entre las nuevas generaciones. “Lo vivimos con mucha alegría. Estamos convencidos de que los jóvenes aman el folclore; a veces solo falta que lo escuchen. Cuando lo descubren, algo se les mueve adentro, como nos pasó a nosotros.”

También entienden que su propuesta cumple un rol dentro de esa renovación. “El folclore es un lenguaje vivo y se adapta a cada época. Si logramos que convivan abuelos, padres y chicos en un mismo show, sentimos que la misión está cumplida.”

La Consagración en Cosquín aparece entonces como la confirmación natural de todo ese proceso. Subirse al escenario mayor de la Plaza Próspero Molina y recibir el Premio Consagración —distinción que el Festival Nacional de Folklore otorga a los artistas con mayor proyección dentro de la nueva generación del género— significó uno de los hitos más importantes de su carrera.

“Fue una locura total. Pararse en la Plaza Próspero Molina nos puso la piel de gallina. Y el recibir el reconocimiento realmente fue un sueño máximo. Pensamos en todo el camino recorrido y se nos cruzaron mil recuerdos por la cabeza, por eso fueron inevitables las lágrimas en el escenario.”

Después de tantos años de trabajo, el significado del premio se amplía más allá del logro individual. “Es una recompensa colectiva. No solo nuestra, sino de la familia, todo nuestro increíble equipo y la gente que nos acompaña desde siempre. Te dan ganas de seguir y redoblar la apuesta. Además de una enorme gratitud a la gente, al festival y a la historia de Cosquín.”

Ese reconocimiento llega en el marco de un nuevo desafío internacional: representar a la Argentina en el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar. En esta 65.ª edición del certamen, Campedrinos interpretará su canción “La Zamba”. El festival se desarrollará del domingo 22 al viernes 27 de febrero en la emblemática Quinta Vergara, en Chile. La distinción obtenida en Cosquín antecede así una de las presentaciones más relevantes de su carrera.

“Nos preparamos con mucho respeto, emoción y nervios. Representar a la Argentina en el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar es un desafío enorme. Sabemos de lo apasionado que es el público chileno, así que nuestro único objetivo es conectar con ellos. Si logran sentir un poquito de lo que sentimos al crear ‘La Zamba’, la canción que eligieron, ya el sueño se cumplió.”

Hoy, al definir el presente que atraviesan, mezclan entusiasmo con asombro. “Es un momento de plenitud y total locura. Disfrutamos mucho de lo que está pasando, pero no dejamos de lado las ganas de seguir creciendo. Cuesta procesar y asimilar que las cosas que por tantos años soñamos se estén cumpliendo. Escuchar a la gente cantar tus canciones es el regalo más increíble que nos está dando el presente.”

Pensando en el futuro, los sueños siguen en expansión. “Queremos seguir recorriendo el país, llevando nuestras canciones a más lugares y cruzándonos con artistas que admiramos. También ya tenemos shows confirmados para llevar el folclore a Uruguay, Chile, Bolivia y Paraguay. Queremos encontrarnos con públicos de todos lados, que nuestras composiciones dejen algo en cada persona y que nuestras canciones se canten cada vez con más fuerza, sintiéndolas propias.”

En definitiva, para Campedrinos el eje sigue siendo el mismo que en 2009: el vínculo con la gente. “El público lo es todo. La energía que baja del escenario y vuelve es lo que nos alimenta. Ver a la gente cantar nuestras canciones es el mayor premio. El encuentro abajo del escenario para que nos cuenten sus anécdotas o la foto, nos encanta.”

Y el mensaje final es claro y profundamente agradecido. “Agradecemos de corazón que nos permitan hacer folclore a nuestra forma y recibirlo de una manera tan linda. Cada aplauso, cada mensaje en redes y cada abrazo en un show nos empuja a seguir. Sentimos que Campedrinos es de todos, de chicos y grandes, de todas las familias, y eso nos emociona y nos motiva todos los días.”

Así, lo que comenzó en 2009 como un encuentro casual en una fila y una guitarra compartida se transformó en un recorrido sólido dentro de la escena mayor del folclore argentino. Hoy, con una Consagración en Cosquín y la responsabilidad de representar al país en Viña del Mar, Sergio Prada y Agustín Fantili transitan una etapa de madurez artística que confirma que el camino elegido fue el correcto. Sin perder la raíz ni la cercanía con el público, Campedrinos sigue avanzando con la misma convicción del primer día: hacer del folclore un puente vivo entre generaciones y una canción que siga creciendo con cada escenario.

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