Mientras millones de personas vivimos con entusiasmo cada partido del Mundial, hay una oportunidad que no deberíamos dejar pasar. Tal vez el mejor legado que pueda dejarnos este campeonato no esté solamente dentro de una cancha, sino también en las plazas, los parques, los clubes y los patios donde nuestros chicos vuelvan a correr detrás de una pelota.
Como óptica, hace más de 40 años que acompaño la evolución de la salud visual de nuestra comunidad. Y si hay algo que cambió profundamente en este tiempo, son nuestros hábitos.
Hoy los niños pasan gran parte de su jornada en espacios cerrados: aulas, hogares, gimnasios cubiertos y, cuando terminan sus actividades, continúan frente a computadoras, tablets, celulares o televisores. La mayor parte del día transcurre bajo iluminación artificial y realizando tareas de visión próxima.
Este cambio en el estilo de vida no es un detalle menor. La Organización Mundial de la Salud y numerosos investigadores vienen alertando sobre el crecimiento de la miopía infantil en todo el mundo y sobre la importancia que tiene el tiempo al aire libre para favorecer un desarrollo saludable del sistema visual.
Por eso hoy quiero proponerles una experiencia muy sencilla para hacer en familia.
Descarguen en el teléfono celular una aplicación gratuita de luxómetro. Existen muchas, tanto para Android como para iPhone. Estas aplicaciones permiten estimar la cantidad de luz que recibe un ambiente y la expresan en lux, la unidad utilizada para medir la iluminancia.
Después, conviértanlo en un juego con sus hijos. Recorran juntos la casa. Midan la luz del dormitorio. Entren debajo de una sábana y observen cómo los valores descienden prácticamente a cero.
Midan la iluminación de la cocina, del comedor, del escritorio donde hacen la tarea, del aula cuando tengan oportunidad y también del club o de cualquier espacio cerrado.
Luego salgan al patio, a la vereda, a una plaza o simplemente a caminar unas cuadras y vuelvan a medir.
Estoy segura de que se van a sorprender. Aunque dentro de una casa o de un aula sintamos que “hay mucha luz”, la cantidad de iluminación es muy inferior a la que reciben nuestros ojos cuando estamos al aire libre. En un ambiente interior bien iluminado solemos encontrar algunos cientos de lux. En cambio, en el exterior, incluso durante un día nublado, los valores aumentan a miles de lux, y bajo el sol pueden superar ampliamente los 100.000 lux.
No hace falta memorizar esos números. Lo importante es comprender la enorme diferencia que existe entre vivir casi todo el día en espacios cerrados y pasar tiempo al aire libre.
La luz natural no solo nos permite ver. También participa en la regulación de nuestro reloj biológico, ayuda a sincronizar los ritmos circadianos —que influyen en el sueño, el estado de ánimo y muchas funciones del organismo— y acompaña el desarrollo saludable del sistema visual.
Por supuesto, esto no significa exponerse al sol en los horarios de mayor intensidad ni dejar de proteger los ojos cuando corresponde. Significa recuperar un hábito que durante generaciones fue completamente natural: jugar afuera.
Y qué mejor momento que este Mundial para hacerlo. Que los chicos no solo miren a sus ídolos por televisión. Que también salgan a jugar. Que corran. Que levanten la vista de las pantallas. Que miren lejos. Que disfruten de la plaza, del club, del patio o de cualquier espacio abierto.
Porque cuidar la salud visual no comienza únicamente cuando elegimos un par de anteojos. Comienza mucho antes, con los hábitos que construimos cada día.
Tal vez el mejor gol que podamos hacer este Mundial sea regalarles a nuestros hijos más tiempo al aire libre, más movimiento y más oportunidades para que sus ojos se desarrollen de la mejor manera posible.
Y si además realizan este pequeño experimento con el luxómetro, no solo aprenderán los chicos. Estoy convencida de que muchos adultos también descubrirán, por primera vez, la enorme diferencia entre la luz de un ambiente cerrado y la extraordinaria riqueza de la luz natural.
Después de todo, el mejor entrenamiento para la visión no siempre ocurre frente a una pantalla. Muchas veces comienza simplemente… cuando salimos a jugar.
Judith Pizzatti – Óptica – Educadora en Salud Visual
Óptica PIZZATTI



