La Costanera todavía está tranquila. Son las 6:30 de la mañana. Mientras algunos salen a correr y otros simplemente caminan para comenzar el día, una persona prepara algo más que las zapatillas. También elige la solución visual que mejor la acompañará durante esa actividad. Antes de salir toma sus anteojos fotocromáticos.
A esa hora todavía la intensidad luminosa es baja, por lo que los cristales permanecen prácticamente transparentes. Pero a medida que avanza la caminata y aumenta la radiación ultravioleta proveniente del sol, el cristal se activa y comienza a oscurecerse automáticamente.
Además de proteger los ojos del viento, del aire en movimiento y de las bajas temperaturas de la mañana, ofrece una protección visual que se adapta naturalmente a los cambios de iluminación durante el recorrido.
Sin darse cuenta, está haciendo algo que representa perfectamente cómo cambió la óptica moderna: dejar de buscar un único anteojo para todo y comenzar a utilizar distintas soluciones según cada necesidad. Porque la realidad es que nuestras actividades visuales ya no son las mismas que hace veinte o treinta años.
Trabajamos frente a computadoras, utilizamos teléfonos celulares durante horas, hacemos actividad física, conducimos de noche, leemos en formatos digitales y alternamos constantemente entre diferentes ambientes y condiciones de iluminación.
Sin embargo, muchas personas siguen haciéndose una pregunta que pertenece a otro paradigma: ¿Qué es mejor: anteojos o lentes de contacto?
Quizás la pregunta correcta ya no sea esa. Quizás la verdadera pregunta sea: ¿Qué solución visual necesita cada momento de mi día?
A las ocho de la mañana comienza la jornada laboral. Dependiendo de la actividad que realice, la solución visual elegida puede ser diferente. Quien trabaja varias horas frente a una computadora suele beneficiarse con anteojos ocupacionales diseñados para visión próxima e intermedia. Pero no todos los trabajos tienen las mismas exigencias visuales.
Pensemos en un docente frente a un aula. Necesita leer apuntes o material impreso, observar una pantalla, mirar a los alumnos ubicados a distintas distancias y desplazarse dentro del salón. Lo mismo ocurre con muchas personas que trabajan en comercios, atención al público o puestos donde es necesario alternar permanentemente entre visión próxima, intermedia y lejana.
En esos casos, los anteojos multifocales pueden transformarse en una herramienta ideal porque permiten resolver múltiples distancias visuales con un único anteojo.
Y cuando la jornada termina, ese mismo multifocal continúa acompañando a la persona durante el regreso a su casa, en una caminata, en un viaje o en muchas de las actividades habituales del resto del día, sin necesidad de cambiar constantemente de anteojo.
Por la tarde llega el momento del gimnasio. En ese contexto prefiere utilizar lentes de contacto. No porque los anteojos estén mal ni porque tenga que elegir entre uno u otro sistema. Simplemente porque determinadas actividades deportivas pueden beneficiarse de la libertad de movimiento y del amplio campo visual que ofrecen las lentes de contacto.
Pero algunos días de la semana la actividad elegida es otra. Natación.
Y muchas personas se sorprenden al descubrir que también existen antiparras graduadas para quienes necesitan corrección óptica dentro del agua.
De esta manera pueden nadar, orientarse y desenvolverse con comodidad visual mediante una solución diseñada específicamente para ese entorno.
Al regresar a casa el ritmo cambia. Aparecen las tareas cotidianas, los mensajes pendientes, una serie, una película o algunos capítulos de un libro.
Y cuando el día comienza a terminar, aproximadamente una hora antes de acostarse, incorpora un filtro selectivo diseñado para reducir el paso de determinadas longitudes de onda de la luz visible.
El objetivo no es aumentar la agudeza visual. Tampoco reemplazar otros tratamientos. Su finalidad es acompañar los ritmos naturales del organismo —el llamado ritmo circadiano— durante las horas previas al descanso.
Si alguien observara todos esos elementos sobre una mesa probablemente pensaría que son demasiados. Sin embargo, nadie se sorprende por tener distintas opciones de calzado.
Las zapatillas para caminar por la Costanera. Los zapatos para trabajar. Otro tipo de zapatillas para el gimnasio. Y las pantuflas para estar cómodo en casa.
Porque entendemos naturalmente que cada actividad tiene necesidades diferentes. Con la visión ocurre exactamente lo mismo.
La caminata matinal, la jornada laboral, el deporte, la natación, la lectura o las horas previas al descanso son situaciones distintas.
Y pretender que una única solución visual responda perfectamente a todas ellas es tan poco razonable como intentar realizar todas esas actividades utilizando el mismo par de zapatos.
La tecnología óptica evolucionó para acompañar la forma en que vivimos hoy. Por eso existen lentes de contacto, anteojos ocupacionales, multifocales, filtros selectivos, cristales fotocromáticos, antiparras graduadas y muchas otras soluciones diseñadas para necesidades específicas.
La visión es una sola. Las actividades son muchas. Y cuando las actividades cambian, también pueden cambiar las herramientas que nos ayudan a ver mejor, proteger nuestros ojos y disfrutar con mayor comodidad cada momento del día.
La pregunta ya no debería ser si conviene usar anteojos o lentes de contacto.
La verdadera pregunta es otra: ¿Qué solución visual necesita cada momento de tu vida?
Porque la óptica moderna ya no se trata de elegir entre una alternativa u otra. Se trata de encontrar la combinación adecuada para cada persona, cada actividad y cada momento del día.
Y es allí donde el profesional óptico matriculado cumple un rol fundamental: transformar una prescripción oftalmológica en una solución visual personalizada, teniendo en cuenta las actividades, los hábitos, los entornos y las necesidades reales de cada persona.
Porque una misma graduación puede requerir soluciones diferentes según quién la utilice y cómo transcurra su jornada. “Las mejores soluciones visuales son las que se complementan.”
Judith Pizzatti – Óptica PIZZATTI



