La reciente incorporación del Dr. Oscar Varela a la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales no solo reconoce una extensa y destacada trayectoria en el campo de la investigación, sino que también posiciona a este científico campanense dentro de uno de los espacios más prestigiosos del conocimiento en la Argentina, reafirmando el valor del aporte local al desarrollo de la ciencia a nivel nacional.
El pasado 27 de marzo se llevó a cabo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el acto mediante el cual el Dr. Oscar Varela fue incorporado como integrante de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, una institución que reúne a referentes de las disciplinas científicas más relevantes del país. Este tipo de designaciones constituye un reconocimiento reservado a quienes han realizado aportes significativos al desarrollo del conocimiento.
Desde 2804 Informa dialogamos con el investigador nacido en Campana para profundizar en el significado de este reconocimiento, repasar su recorrido profesional y su participación en desarrollos científicos de alcance internacional forma parte de un camino que hoy encuentra en este nombramiento un nuevo respaldo institucional.
El Dr. Oscar Varela es Licenciado y Doctor en Ciencias Químicas, con una extensa trayectoria en el ámbito de la investigación científica, desarrollada principalmente en el CONICET y la Universidad de Buenos Aires. Especializado en química orgánica, con proyección en áreas como la bioquímica y la biología molecular, ha trabajado durante décadas en el estudio de compuestos derivados de hidratos de carbono, consolidándose como una figura de referencia dentro de su disciplina y contribuyendo al avance del conocimiento en las ciencias exactas y naturales.
“Me considero un ciudadano común que disfruta de la compañía de sus amigos y su familia; me gusta el cine y viajar como hobbies. En lo profesional, me considero muy exigente con los demás, pero también muy exigente conmigo mismo. Trato de ser un buen profesor y un excelente científico; para eso le pongo todo mi esfuerzo, mi dedicación y mis conocimientos”, nos comenta.
Al ser consultado sobre su infancia en nuestra ciudad, evoca con mucho cariño su niñez y adolescencia, junto a amigos que incluso hoy conserva. “Yo nací en Campana, efectivamente, y empecé la primaria en la Escuela Nº 7, que está a pocas cuadras de mi casa. Luego, por motivos de trabajo, mi papá se trasladó a Zárate y nos fuimos a vivir con toda la familia allí. Fui a la Escuela Nº 2 de Zárate, donde hice gran parte de la primaria, y después la secundaria la cursé en el Colegio Normal de Campana. En ambos casos tuve una infancia muy tranquila, con muchos amigos tanto en Campana como en Zárate. De la secundaria también hice muchísimos amigos; algunos de ellos los conservo en la actualidad. De hecho, cuando nuestra promoción cumplió cincuenta años del egreso, coincidió con el centenario de la fundación de la Escuela Normal, por lo que se realizaron actos conmemorativos muy lindos”, recuerda.
“Nos reencontramos con los compañeros y recordamos a una generación que dio muchos profesionales, a la que llamamos la ‘promoción dorada’. Era un chico normal, siempre me gustó el estudio; fui un buen estudiante en la secundaria y también luego en la universidad”, señala.
Desde una mirada íntima, el Dr. Oscar Varela repasa los orígenes de su vocación científica y cómo, desde muy pequeño, la curiosidad fue marcando el camino que años más tarde definiría su vida profesional. Entre recuerdos de infancia, juegos y primeras experiencias con la experimentación, emerge el germen de un interés que con el tiempo se transformaría en una pasión por la química.
“Siempre fui un chico muy curioso, como la mayoría, pero hubo temas que me despertaron un interés especial desde muy temprano. Recuerdo, por ejemplo, una etapa en la que me fascinaban los dinosaurios y leía mucho sobre eso. En esos años, la lectura era muy importante y los libros eran, en general, los regalos de cumpleaños. Más adelante, cuando tendría unos diez u once años, mi madrina me regaló un juego de química con el que se podían hacer experimentos sencillos. Para mí fue algo deslumbrante: mezclar sustancias y ver cómo se transformaban en algo completamente distinto me parecía casi mágico. A partir de ahí empecé a experimentar por mi cuenta, siempre con mucha curiosidad. Intentaba, por ejemplo, hacer perfumes a partir de flores, aunque los resultados no eran los mejores”, recuerda entre risas.
“Pero creo que todas esas experiencias, esos pequeños ensayos y esa inquietud constante, fueron despertando en mí un interés cada vez más fuerte por la química, que con el tiempo terminó convirtiéndose en mi vocación y en mi profesión”.
Al momento de definir su futuro académico, el Dr. Oscar Varela transitó, como muchos jóvenes, una etapa de dudas e intereses diversos. Aunque desde la infancia ya mostraba una inclinación hacia la química, la elección no fue inmediata ni excluyente: otras disciplinas también despertaban su curiosidad. Sin embargo, con el paso del tiempo y el contacto con el ámbito universitario, esa vocación inicial terminó consolidándose y marcando el rumbo de su formación.
“Cuando uno tiene diecisiete años, o está en la secundaria, suele tener muchos intereses. Sin ir más lejos, a mí me atraían varias cosas: la psicología, la química, incluso la medicina. Pero lo que más me convocaba era la química, porque dentro de las ciencias exactas me parecía la más desafiante. Así fue que, cuando conocí la facultad, quedé deslumbrado y entendí que ese era el lugar donde quería estudiar. La antigua facultad funcionaba en lo que hoy se conoce como la Manzana de las Luces, que en su momento fue un verdadero centro de conocimiento en la Buenos Aires colonial. Allí permaneció hasta la década del setenta, cuando se trasladó a la actual Ciudad Universitaria”.
Esa elección no solo implicó definir una vocación, sino también tomar la decisión de dejar su ciudad para continuar su formación en un contexto donde las opciones eran limitadas a nivel local. En ese camino, la universidad pública y el acceso al conocimiento jugaron un rol determinante, no solo en su desarrollo académico, sino también en la construcción de una mirada comprometida con la educación y la ciencia como herramientas de transformación social. “Elegir esa institución también tuvo que ver con el contexto. Yo vivía en Campana y en esa época no había universidades en la ciudad. Muchos se iban a estudiar a Rosario, a La Plata o a Buenos Aires. Yo elegí Buenos Aires porque sabía que la Universidad de Buenos Aires es una institución muy prestigiosa, al igual que la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales. La Argentina ha tenido premios Nobel en ciencia, lo que demuestra el nivel académico, y eso también influyó en mi decisión. Soy un férreo defensor de la educación pública, la universidad gratuita iguala, permite que personas con menos recursos puedan acceder a una carrera universitaria. Decir lo contrario es desconocer la realidad. Yo defiendo profundamente a la universidad pública y también al sistema de investigación científica en la Argentina. En cuanto a la especialidad que elegí, cuando terminé la licenciatura en química tenía muy buen rendimiento académico y ya venía vinculado a la docencia desde los primeros años, como ayudante en distintas cátedras. En ese momento me ofrecieron continuar con el doctorado y decidí orientarme hacia la química orgánica, que era lo que más me interesaba.
Trabajé en síntesis orgánica aplicada al campo de los hidratos de carbono, es decir, los azúcares. Siempre me atrajo esa área porque, de alguna manera, retoma esa fascinación inicial que tenía de chico: la posibilidad de mezclar sustancias y obtener algo completamente nuevo. Es como un acto de creación, de generar compuestos que no existen en la naturaleza o mejorar las propiedades de otros, como pueden ser agentes antimicrobianos, antibióticos o compuestos con potencial antitumoral. Esa idea de crear fue lo que me impulsó a elegir este camino dentro de la química”.
Su recorrido en la investigación no fue un hecho aislado, sino la continuidad natural de aquella vocación que comenzó a tomar forma en sus años de formación. Con el paso del tiempo, ese interés inicial se transformó en una carrera sólida, marcada por el estudio, la docencia y la participación en proyectos científicos dentro y fuera del país, consolidando un perfil que hoy es reconocido por la comunidad académica.
“Durante el doctorado trabajé en el área de los hidratos de carbono, es decir, en compuestos conocidos como azúcares. En mi tesis me enfoqué en el desarrollo de algunas variantes de estos compuestos, que tienen importancia en procesos biológicos y en el estudio de bacterias. Luego realicé un posdoctorado en Estados Unidos, entre 1980 y 1984, donde trabajé en el desarrollo de compuestos con potencial uso en tratamientos contra el cáncer. Fue una experiencia muy importante en mi formación.
Al regresar al país ingresé al CONICET como investigador y también comencé a desempeñarme como docente universitario, formando con el tiempo mi propio grupo de investigación. A lo largo de mi carrera atravesé distintas etapas, algunas con mejores condiciones para investigar y otras más difíciles, pero siempre con continuidad en el trabajo. No podría señalar un único momento como determinante, sino más bien un crecimiento sostenido, con avances en la carrera académica, participación en congresos y reconocimientos que fueron marcando el camino”.
A lo largo de su trayectoria, el Dr. Oscar Varela también destaca el valor de las personas que lo acompañaron en su formación, “Siempre agradezco a mis mentores, porque de ellos aprendí muchísimo. Desde mi directora de tesis, que me tuvo como su primer tesista y fue quien me impulsó a trabajar en el área de los hidratos de carbono, iniciándome en la carrera de investigación. Más que una directora, fue una amiga. A lo largo del tiempo también me marcaron muchos compañeros de grupo, que influyeron en mi camino científico y académico. Y durante mi etapa en Estados Unidos trabajé con personas de distintas partes del mundo; sin dudas, de esas experiencias y de cada intercambio aprendí mucho”.

A lo largo de su carrera, el Dr. Oscar Varela ha participado en diversos desarrollos científicos, muchos de ellos con potencial aplicación en áreas clave como la salud y el cuidado del medio ambiente, consolidando una trayectoria que combina investigación básica con aportes concretos.
“En cuanto a los principales logros de mi trayectoria, destaco aquellos trabajos con posible aplicación concreta. Por ejemplo, desarrollamos glicomiméticos, compuestos similares a los azúcares que pueden actuar como inhibidores y ayudar a frenar ciertos microorganismos. También trabajé en Estados Unidos en compuestos con potencial uso antitumoral, y en los últimos años hemos avanzado en líneas vinculadas a la química sustentable, utilizando hidratos de carbono en lugar de derivados del petróleo, con un enfoque más amigable con el medio ambiente. Por otro lado, uno de los desarrollos más recientes es una molécula orientada al tratamiento del Parkinson, conocida como Pegasus, que ya fue patentada y se encuentra en etapas avanzadas de investigación”.
En el tramo final de la entrevista, el Dr. Oscar Varela comparte su mirada sobre el presente de la ciencia en la Argentina, los desafíos que enfrenta el sistema científico y el significado personal de haber sido incorporado a una de las instituciones más prestigiosas del país.
“Actualmente creo que el aporte de la ciencia es fundamental para el desarrollo del país, en todas las disciplinas. Un país que abandona la ciencia es un país pobre y dependiente. En este momento, la ciencia argentina está atravesando una situación muy compleja; es esencial revertir este escenario para garantizar la continuidad de la universidad pública y del CONICET, que son instituciones que funcionan. En cuanto a los desafíos, tienen que ver justamente con esto: sostener y fortalecer el sistema científico. Gracias a la ciencia se han podido resolver muchos problemas, como el desarrollo de cultivos más resistentes a las sequías, por ejemplo. Es una herramienta clave para el crecimiento del país.”
Antes de concretarse su ingreso a la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, el Dr. Oscar Varela ya contaba con una trayectoria consolidada en el ámbito científico, respaldada por años de investigación, docencia y participación en proyectos de relevancia tanto a nivel nacional como internacional, lo que finalmente derivó en el reconocimiento de sus pares.
“Ser incorporado a la Academia es una enorme satisfacción. A lo largo de mi carrera he tenido muchas alegrías, pero este reconocimiento es especialmente importante porque proviene de mis propios pares. La Academia es un espacio de gran nivel, donde se reúnen algunos de los científicos más destacados del país, por eso creo que es fundamental darle al sistema científico la importancia que realmente merece”.
De cara a las nuevas generaciones, el Dr. Oscar Varela también reflexiona sobre el valor de la educación y el rol que puede cumplir la ciencia como herramienta de crecimiento personal y colectivo, alentando a los jóvenes a seguir el camino del conocimiento. “Estoy muy comprometido con la educación y creo que la Academia podría aportar mucho al mejoramiento del sistema educativo. A mí, en lo personal, la ciencia me ha abierto muchas puertas, por eso siempre les digo a los jóvenes que si tienen interés en este camino, que se animen a seguirlo. Gracias a la ciencia pude recorrer el mundo, participar en congresos y conocer distintas personas y culturas. En particular, la química es una disciplina que recomiendo para quienes se sienten atraídos por una ciencia más aplicada, con la posibilidad de generar desarrollos concretos y aportar soluciones”.
Para el cierre, el Dr. Oscar Varela vuelve a poner el foco en sus raíces y en el vínculo con la ciudad que lo vio nacer, destacando el valor de ese lazo que, a pesar del paso del tiempo, se mantiene intacto.
“Campana es la casa de mis padres y de mis abuelos. Mi abuelo llegó a la ciudad en el siglo XX y trabajó toda su vida como taxista; era muy conocido y querido, ‘Don José’, o ‘el gallego’, como le decían. Siempre tuve un vínculo muy fuerte con Campana y vivir acá me hace feliz: es mi lugar en el mundo. Durante la semana trabajo, pero los fines de semana vuelvo; es mi espacio para estudiar, reflexionar, estar tranquilo y seguir aprendiendo. Con esta última incorporación me sorprendí mucho por el cariño de la comunidad de Campana. Recibí muchísimas felicitaciones y palabras muy cálidas, que valoro profundamente. No tengo más que agradecer, tanto a quienes conozco como a quienes no, porque siento que este reconocimiento también es de la gente. Cuando uno hace lo que le gusta, con compromiso y dedicación, estos logros llegan.
A toda la comunidad le estoy infinitamente agradecido y les digo que voy a seguir trabajando con el mismo esfuerzo, con la intención de poder darles siempre buenas noticias”.
De esta manera, la trayectoria del Dr. Oscar Varela se consolida como el resultado de años de dedicación, curiosidad y compromiso con el conocimiento. Su incorporación a la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales no solo reconoce un camino sostenido en la investigación, sino que también pone en valor el aporte de un vecino de Campana que nunca perdió el vínculo con sus raíces.
En un contexto donde la ciencia y la educación atraviesan desafíos, su mirada y su experiencia adquieren un significado especial, reafirmando la importancia de seguir apostando al desarrollo del conocimiento como herramienta de crecimiento.
Así, su historia se proyecta como un ejemplo de que el talento y el esfuerzo pueden abrir caminos, llevando el nombre de Campana a los espacios más destacados de la ciencia argentina sin perder nunca el sentido de pertenencia.



