viernes, marzo 20, 2026
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Cuerpo, psiquis y rehabilitación: El fenómeno psicosomático en la actualidad

La kinesiología contemporánea en Argentina, ha trascendido su herencia puramente biomédica, para integrarse en un paradigma biopsicosocial. Ya no se comprende al paciente como una entidad mecánica, motriz y/o física -fisiológica, sino como una persona, cuya psiquis, y el soma (cuerpo), mantienen un diálogo constante e indivisible. En el contexto actual, marcado por altos niveles de estrés social, ansiedad, exigencias, resultados, e inmediatez postmoderna, el impacto psicoemocional no es un “efecto secundario” del síntoma físico, sino muchas veces su génesis, y/o el principal obstáculo para su resolución.

  1. El Mecanismo Psicosomático: del estrés a la fibrosis

La psicosomática no implica que el dolor sea “imaginario”, sino que tiene un origen o un agravamiento en procesos psicológicos. En términos neurofisiológicos, el impacto psicoemocional activa el eje hipotálamo-hipofisario-adrenal (HHA).

  • Cortisol y Tejido Conectivo: La liberación sostenida de cortisol y adrenalina en pacientes con estrés crónico, altera la química del colágeno. Esto provoca que las fascias (el tejido que envuelve los músculos) se vuelvan más rígidas y menos hidratadas, predisponiendo al paciente a lesiones recurrentes que el kinesiólogo ve en el consultorio como “contracturas refractarias”.
  • Sensibilización Central: Cuando un paciente atraviesa un cuadro depresivo o de ansiedad, su umbral de dolor disminuye. El cerebro interpreta estímulos mecánicos normales como dolorosos, un fenómeno común en especial en pacientes argentinos, que asisten por cuadros de fibromialgia o fatiga crónica.
  1. Factores Socioemocionales

Argentina presenta una particularidad cultural: una alta valoración del vínculo humano, y una tendencia a la somatización del conflicto personal, social, laboral y económico que impacta de lleno en la calidad de vida.

  • La Incertidumbre como Patógeno: La inestabilidad económica y social se traduce en una condición que podríamos denominar como, “hipertonía muscular de defensa”. El paciente vive en un estado de alerta permanente, lo que se manifiesta clínicamente en disfunciones de la ATM: articulación temporomandibular (bruxismo), cefaleas tensionales y lumbalgias y-o cervicalgias corroborables, pero más bien inespecíficas.
  • La Kinesiofobia: El impacto emocional suele generar miedo al movimiento, labilidad en su cuerpo, o a cualquier intervención profesional realizada sobre estos. En la práctica diaria, lo podemos ver directamente, en una lógica y comprensible desidia, a tomar impulso para hacer tratamiento, y fundamentalmente a la adherencia y compromiso con este, en los plazos que lleve realizarlo.

El paciente que ha sufrido una lesión grave a menudo desarrolla una barrera psicológica; aunque su tejido haya sanado, su mente “protege” la zona impidiendo: el rango de movimiento normal, el dolor u otras consideraciones según el caso. Aquí, el profesional, actúa como un terapeuta conductual y motriz, reeducando y poniendo en valor, al sistema nervioso, para que la persona vuelva a confiar potenciándose sesión a sesión.

  1. El Rol del Kinesiólogo como Agente de Salud Mental

En el sistema de salud argentino, el kinesiólogo suele pasar más tiempo con el paciente que el médico clínico o el traumatólogo, y-o cualquier otro especialista (sesiones de 45 a 60 minutos, una, dos o incluso varias veces por semana). Este tiempo de contacto permite que el paciente descargue su emocionalidad verbalmente. El contacto con las manos (la terapia manual), tiene un efecto neurobiológico y psicológico muy potente: libera oxitocina y reduce la actividad de la amígdala cerebral, calmando el sistema nervioso, contribuyendo a la calma mental y emocional, brindando, asimismo, un cambio de sensaciones de dolor, hacia un camino de alivio y bienestar integral.

El Abordaje Holístico: Técnicas muy difundidas en el país, como la Reeducación Postural Global (RPG), el Método Busquet (cadenas fisiológicas) o la Osteopatía, ya incluyen en su diagnóstico la evaluación de las tensiones emocionales, y cómo estas moldean la postura del individuo (el “cierre” de hombros por tristeza o la rigidez torácica por ansiedad) por mencionar algunos de los tantos ejemplos que encontramos en las consultas.

  1. Consecuencias de Ignorar el Impacto Psicoemocional

Si el tratamiento kinesiológico ignora la dimensión psicosomática, los resultados suelen ser pobres o temporales, en un abordaje incompleto:

  1. Cronicidad: El síntoma vuelve, apenas cesa el tratamiento físico, porque la fuente de tensión emocional sigue activa.
  2. Frustración y Iatrogenia: El paciente se siente “fallado” y muy contrariado por no poder mejorar, aumentando en muchos casos, su cuadro de angustia y buscando soluciones invasivas innecesarias.

La relación entre la psicosomática y el tratamiento kinesiológico, es de una complejidad profunda. La rehabilitación física exitosa, requiere que el profesional sea capaz de “leer” el cuerpo como un mapa de las vivencias del paciente. Integrar el impacto psicoemocional no significa que el kinesiólogo reemplace al psicólogo, sino facilitar las estrategias para que ambos (beneficiando al paciente), puedan trabajar en una sinergia, donde se reconozca que curar el cuerpo y el movimiento es, fundamentalmente, aliviar la carga, que la persona lleva sobre sus hombros.

Lic. Pablo Javier Miranda

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