viernes, marzo 20, 2026
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“Dulces Milagros”, el emprendimiento de una joven que decidió apostar por sus sueños

Con apenas 23 años, Milagros Paredes impulsa “Dulces Milagros”, un emprendimiento de panificados y dulces caseros que cada tarde ofrece sus productos en un carrito ubicado en el barrio Villanueva, una iniciativa que nació con esfuerzo propio y hoy forma parte del día a día de muchos vecinos.

En la entrada del barrio Villanueva, sobre la avenida Rivadavia y Chacabuco, un carrito cargado de medialunas, pastelitos, tortas fritas y otras preparaciones caseras se convirtió con el tiempo en una presencia habitual para quienes transitan por el lugar. Allí trabaja Milagros Paredes, una joven de 23 años que decidió apostar por el trabajo propio y transformar su gusto por la cocina en una oportunidad para salir adelante. Con esfuerzo, dedicación y muchas horas de trabajo diario, su emprendimiento “Dulces Milagros” fue creciendo y ganándose el reconocimiento de vecinos y clientes que cada tarde se acercan a probar sus productos.

En diálogo con 2804 Informa, Milagros repasó cómo fueron los primeros pasos de su emprendimiento, recordando aquellos comienzos sencillos en los que vendía sus productos desde una pequeña mesa, con preparaciones caseras elaboradas en su casa y muchas ganas de salir adelante. Con el tiempo, y a medida que fue sumando clientes y experiencia, ese pequeño inicio fue tomando forma hasta convertirse en el proyecto que hoy sostiene cada día.

Así, entre jornadas de trabajo, esfuerzo constante y el acompañamiento cercano de su familia, Milagros fue logrando avanzar paso a paso. Lo que empezó como una idea para generar sus propios ingresos terminó transformándose en el carrito desde el cual hoy vende cada tarde en el barrio Villanueva, un emprendimiento que con dedicación y perseverancia fue creciendo de manera sostenida y consolidándose entre los vecinos de la zona.

Milagros se define como una joven inquieta, con ganas de salir adelante y de buscar siempre nuevas oportunidades. En ese sentido, explicó cómo nació su emprendimiento: “Milagros es una chica que siempre está buscando la manera de salir adelante como sea. Me considero una persona que no se queda quieta y siempre intento verle el lado positivo a todo. La idea de crear Dulces Milagros surgió por la falta de un trabajo formal, por lo que decidí emprender”.

Al recordar cómo comenzó este camino, cuenta que la decisión de emprender llegó incluso antes de terminar sus estudios secundarios. “Decidí comenzar a emprender un año antes de terminar el colegio. En ese momento quería tener mis propios ingresos, pero como aún estaba estudiando solo realizaba pedidos en fechas especiales como San Valentín, Día de la Madre, entre otras. Luego de terminar el colegio, por falta de experiencia no me tomaban en los puestos a los que me postulaba, por lo tanto, comencé un emprendimiento de venta de productos para el mate como una alternativa mientras seguía buscando trabajo. Con los años se convirtió en mi fuente de ingresos. A veces hay semanas muy duras donde las ventas bajan y eso afecta mucho. El impulso para dar ese paso fue la falta de oportunidades laborales y también mi pasión por la cocina”.

En su historia, la cocina apareció con el tiempo. Lo que comenzó casi como una curiosidad terminó transformándose en una actividad que hoy forma parte central de su vida. Con paciencia, dedicación y muchas ganas de aprender, Milagros fue incorporando conocimientos de manera autodidacta, probando recetas y perfeccionando sus preparaciones hasta encontrar su propio estilo.

“La verdad es que la cocina no era algo que me gustara de chica, pero con los años empecé a interesarme y a aprender. Al principio no sabía nada, pero mirando videos en YouTube y TikTok aprendí muchísimo. También hubo mucho de prueba y error. Todavía no hice cursos, pero en algún momento me gustaría poder hacerlos para seguir aprendiendo y ofrecer un mejor servicio y mejores productos”.

En ese recorrido también aparece una influencia muy cercana: su madre. “Algunas recetas me las enseñó mi mamá. Ella también, hace años, hacía algunos productos de panadería para vender de forma ambulante y así poder sacar a su familia adelante”.

Detrás del crecimiento de su emprendimiento también hay una historia de acompañamiento familiar. Milagros destaca especialmente el rol que tuvieron sus padres, quienes estuvieron presentes desde el comienzo, alentándola a seguir adelante y apoyándola en cada paso de este camino. “Mi familia está compuesta por mi papá y mi mamá. Ellos tuvieron un papel muy importante porque siempre me apoyaron y me ayudaron a seguir adelante sin bajar los brazos”.

Los primeros pasos del proyecto fueron muy modestos. “Los primeros pasos fueron con una mesita de madera y una caja de Pedidos Ya. Mi papá me acercaba hasta la entrada del barrio Villanueva en moto. Llevaba todos los productos en una mochila y la mesita al costado”. Allí comenzaba a ofrecer sus elaboraciones caseras, dando forma a un emprendimiento que con el tiempo iría creciendo.

A medida que las ventas avanzaban, Milagros empezó a ahorrar con un objetivo claro: mejorar su forma de trabajo. “Con las ventas fui ahorrando. Compré un carrito que no estaba en muy buenas condiciones, pero a un precio accesible. La estructura estaba bien, así que empecé a refaccionarlo de a poco con el dinero que iba juntando”. Ese carrito, que fue arreglando con esfuerzo y dedicación, es el mismo desde el cual hoy vende cada tarde.

Con el crecimiento del emprendimiento también llegó la decisión de elegir un lugar fijo para trabajar. El punto elegido fue la entrada del barrio Villanueva, sobre la avenida Rivadavia y Chacabuco, un sector de constante circulación de vecinos. “Elegí ese lugar porque hay mucha circulación de gente y además vivo en el barrio, por lo que me queda cómodo. La verdad es que comenzar allí fue muy tranquilo, la gente es muy amable”.

Desde ese puesto ofrece una amplia variedad de productos de elaboración casera. “En mi puesto pueden encontrar panes caseros con chicharrón y jamón y queso, rosquitas, berlinesas, facturas, pastelitos, budines, alfajores y tortas fritas”. Además, también realiza pedidos por encargo.

Con el paso del tiempo, algunos de sus productos se fueron convirtiendo en los preferidos de los clientes. “Los productos que más me piden son las medialunas y los pastelitos, aunque también depende mucho del día y del clima”.

Detrás de cada jornada de venta hay varias horas de trabajo previo. “Mi día comienza a las 6 de la mañana, cuando empiezo a preparar las masas y también productos como budines para el horno. A las 9 empiezo a freír los pastelitos, tortas fritas, berlinesas y rosquitas. Aproximadamente a las 13 termino con toda la elaboración”.

Luego llega el momento de trasladar todo al carrito y preparar la jornada de ventas. “Después llevo los productos al carrito y alrededor de las 14:30 lo abro y publico en redes sociales lo que tengo disponible. A las 18:30 finaliza mi jornada y cierro el carrito”.

El trabajo también se adapta a las distintas épocas del año. “En verano, desde diciembre hasta marzo, elaboro y vendo desde casa porque también preparo sanguchitos de miga y medialunas con jamón y queso, que necesitan frío. En cambio, desde marzo hasta la primavera puedo vender todo desde el carrito sin problemas”.

Como ocurre en muchos emprendimientos, el camino también tiene sus dificultades. “Lo más difícil son los días en los que hay pocas ventas. Como son productos frescos y sin conservantes, a veces tengo que desecharlos, lo que genera pérdidas de dinero y tiempo”. A pesar de eso, Milagros destaca el acompañamiento de las personas que estuvieron cerca desde el inicio. “Familiares y amigos siempre me ayudaron, ya sea recomendando mi trabajo o comprando productos”.

También destaca el acompañamiento de los vecinos, quienes con el paso del tiempo comenzaron a acercarse cada vez más y a confiar en sus productos. Ese vínculo cotidiano con la gente del barrio fue clave para el crecimiento del emprendimiento y para que “Dulces Milagros” se hiciera conocido en la zona. “La respuesta de los vecinos fue muy buena. Muchas personas me dicen que les resulta fácil acceder a mis productos porque intento mantener precios accesibles.” Ese reconocimiento, asegura, es uno de los mayores estímulos para seguir trabajando y mejorando cada día.

Más allá del esfuerzo y las largas jornadas que implica sostener un emprendimiento propio, Milagros reconoce que este camino también le permitió encontrar aspectos muy valiosos en su trabajo cotidiano. Entre ellos, destaca la posibilidad de organizar su propio ritmo de trabajo y de ofrecer a los vecinos productos elaborados con dedicación. “Poder manejar mis tiempos y brindar buenos productos a la gente, aunque muchas veces trabajo más horas que en un empleo formal.” A pesar de las exigencias que implica emprender, asegura que el desafío vale la pena cuando puede ver el resultado de su esfuerzo reflejado en cada jornada de ventas.

Mirando hacia atrás, reconoce el orgullo que le genera haber construido su propio proyecto. “Me siento muy orgullosa de haber podido salir adelante con algo que yo misma creé y planifiqué”. Con la mirada puesta en el futuro, Milagros sueña con seguir creciendo. “Que cada vez más gente conozca mi trabajo y, en el futuro, poder abrir varios locales en distintos puntos de la ciudad”.

“Me pone muy contenta haber apostado a este emprendimiento porque logré muchas cosas que pensé que no eran posibles”, agrega. Para ella, el significado de su proyecto es claro: “Para mí, Dulces Milagros significa mi prioridad”.

Y deja un mensaje final para otros jóvenes que estén pensando en emprender: “Que se animen y no tengan miedo. Emprender tiene momentos buenos y malos, pero nunca hay que darse por vencido”.

La historia de Milagros es la de muchos jóvenes que, frente a las dificultades para acceder a un empleo formal, deciden abrir su propio camino a través del trabajo, la constancia y la voluntad de salir adelante. Lo que comenzó con una pequeña mesa de madera, algunos productos caseros y la ayuda de su familia fue creciendo con el paso del tiempo hasta transformarse en un emprendimiento que hoy forma parte del movimiento cotidiano del barrio Villanueva. Cada jornada comienza temprano, entre amasados, hornos y preparaciones que luego llegarán al carrito donde vecinos y clientes habituales se acercan a buscar medialunas, pastelitos, tortas fritas y otras elaboraciones caseras.

Detrás de cada producto hay horas de trabajo, aprendizaje y dedicación, pero también una historia personal que se construye paso a paso, con paciencia y esfuerzo. Mientras continúa soñando con hacer crecer “Dulces Milagros” y llevar sus productos a distintos puntos de la ciudad, Milagros sigue apostando al trabajo propio y a la convicción de que los proyectos también pueden crecer desde lo simple cuando se sostienen con compromiso y perseverancia.

Quienes deseen conocer o probar sus productos pueden acercarse cada tarde a su carrito ubicado en la entrada del barrio Villanueva, sobre la avenida Rivadavia y Chacabuco, buscarla en Facebook como “Dulces Milagros” o comunicarse al WhatsApp 3489 693642 para realizar pedidos o consultas. De esta manera, entre hornos, masas y sueños, Milagros continúa escribiendo su propia historia de emprendimiento en la ciudad.

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