Su excelente ubicación, la cercanía con la capital y los medios de transporte fueron factores determinantes para la instalación en Campana de una de las primeras fábricas de alcohol del país.
Para su construcción fueron traídos albañiles y constructores desde Buenos Aires. Entre ellos se encontraba Ángel Rossi, quien terminó las paredes de la sala de fermentación y el techo del establecimiento industrial. Otro de los responsables de la obra fue Juan Dolci, encargado de la mampostería y de la chimenea.
Como director gerente de la sociedad fue designado Emilio Pellet, recién llegado de Francia y con experiencia en la destilación. La planta resultó ser un negocio muy rentable: fue amortizada al año de haber comenzado a funcionar y ya en febrero de 1885 producía alcohol.
Dentro del predio también se instaló una fábrica de ácido sulfúrico que comenzó a funcionar a fines de 1885. Allí se elaboraban ácido nítrico, ácido clorhídrico, sulfato de cobre, hierro y zinc, además de producir alrededor de 11.000 kilos anuales de sal inglesa.
La fábrica de alcohol fue fundamental para ubicar a Campana como pueblo industrial, consolidando el crecimiento de la incipiente población. Esta empresa fue impulsada por los empresarios Tomás Devoto, Osvaldo Rocha y Manuel Cadret, convirtiéndose en un elemento clave en el desarrollo industrial local.
La producción se especializaba en alcohol de alta calidad obtenido a partir del maíz. La empresa había iniciado su actividad con una planta en Barracas, luego se extendió a Chivilcoy y finalmente se estableció en Campana con una planta más moderna y eficiente.
El maíz provenía de chacras de la región y era transportado hasta la destilería primero en carretas y luego por barcos y por el ferrocarril.
Con el tiempo, la destilería debió cerrar debido a los altos impuestos que debía abonar. Esta pionera industria química instalada a orillas del Río Paraná de las Palmas, cerca del Campana Boat Club, fue clave en la sustitución de alcoholes extranjeros y en el perfeccionamiento de métodos para la producción de compuestos químicos que impulsaron el progreso industrial.
En febrero de 1905, la fábrica de alcohol de Devoto, Rocha y compañía fue vendida a Feitis por $200.000 con el objetivo de transformarla en una fábrica de tejidos. Sin embargo, ese proyecto nunca se concretó y finalmente en el lugar se instaló la fábrica de papel La Buenos Aires.
Por Guillermo Guasconi



