Luego de años de trabajo comunitario y del esfuerzo sostenido de vecinos y colaboradores, la imagen original de la Virgen del Rosario del Rincón del Canchillo fue finalmente entronizada en el Centro Misional ubicado en la esquina de Sívori y Pettoruti. La celebración incluyó una procesión por el barrio y la Santa Misa presidida por el párroco Adrián Lázaro, en una jornada cargada de fe, emoción y sentido de pertenencia para la comunidad que durante años impulsó la construcción del espacio donde hoy la Virgen tiene su lugar.
La historia de la Virgen del Rosario del Rincón del Canchillo se remonta al 20 de junio del año 2000, cuando el vecino Luis Suzan, oriundo de Río Luján, realizaba una tarea cotidiana en el bajo ribereño de la zona: arrear el ganado desde el bañado del río Luján hasta los corrales. En ese recorrido algo llamó su atención en el suelo. En un primer momento continuó su camino, pero a pocos metros decidió regresar para observar mejor aquello que había visto.
Al remover la tierra descubrió una pequeña imagen de la Virgen del Rosario parcialmente enterrada. El hallazgo lo conmovió profundamente y pronto comenzó a difundirse entre los vecinos, quienes interpretaron el hecho como un signo especial para la comunidad.
Con el paso del tiempo, la historia fue tomando un lugar importante en la identidad del barrio. La imagen fue vinculada con el antiguo paraje conocido como Rincón del Canchillo, denominación histórica del área que hoy corresponde a la zona de Río Luján. Según explicó Ana María Cesan, los datos históricos sobre el origen del paraje y su denominación fueron investigados por el profesor Oscar Trujillo.
A partir de allí comenzó a ser conocida como Virgen del Rosario del Rincón del Canchillo, despertando una creciente devoción entre los vecinos. La comunidad fue organizando encuentros de oración y celebraciones religiosas hasta que, con el esfuerzo de los feligreses, se levantó una pequeña capilla en Sívori y Pettoruti, donde hoy funciona el Centro Misional que mantiene viva esta tradición de fe.
En el marco de esta celebración, 2804 Informa dialogó con Ana María Cesan, colaboradora del Centro Misional Virgen del Canchillo, quien desde hace años acompaña las actividades de la comunidad y participa activamente en la organización de las celebraciones religiosas y encuentros que reúnen a los vecinos del barrio.
Durante años, la imagen original de la Virgen del Rosario del Rincón del Canchillo permaneció resguardada por la familia que la encontró, mientras la comunidad del Centro Misional avanzaba lentamente en la construcción y acondicionamiento de la capilla. La prioridad siempre fue garantizar que la pieza pudiera conservarse en un lugar seguro y adecuado, debido a su valor histórico y religioso para los vecinos del barrio.
En los últimos meses, gracias al trabajo conjunto de la comunidad y a la colaboración de vecinos y empresas de la zona, el centro misional logró realizar mejoras en sus instalaciones, incorporando medidas de seguridad y adaptando el altar para recibir finalmente la imagen original. Ese proceso permitió que se concretara la esperada entronización de la Virgen en el espacio que hoy la comunidad considera su hogar.
“Hasta el domingo pasado la pieza original estuvo en la casa de la familia que la encontró, ya que nosotros no podíamos finalizar el centro misional. Al ser una pieza única teníamos que tener la certeza de que iba a estar a salvo. En cuanto pudimos, gracias a la colaboración de vecinos y empresas de la zona, pusimos rejas, modificamos el altar para que la Virgen tuviera su lugar. Charlamos con la familia y ellos mismos nos dijeron: es el momento de que la Virgen esté ahí”, relató Cesan.
“Ella está en su casa y para nosotros es una emoción enorme que la gente que venga pueda ver la original, ya que antes teníamos réplicas, las que siguen estando en nuestro poder, que son las misioneras —como les decimos— porque son las que visitan las casas de los vecinos que la solicitan”, agregó.
En ese camino de crecimiento, el Centro Misional fue consolidándose gracias al esfuerzo constante de vecinos y colaboradores. Con distintas iniciativas solidarias lograron sostener y mejorar el espacio a lo largo de los años.
“Desde el 2015 trabajamos para lograr que este centro misional sea la casa definitiva de la Virgen. Todo a pulmón, con mucha ayuda de la gente que siempre nos está apoyando con ropa para vender o acompañándonos en nuestros eventos para recaudar fondos. Un ejemplo claro son las sillas y los bancos: al principio teníamos que pedir las sillas de plástico a la Sociedad de Fomento, pero luego, gracias a los mismos vecinos, pudimos comprar las sillas que tenemos hoy en día. Cada familia que colaboró tiene una placa en su honor en cada silla, a modo de agradecimiento”, contó.
La reciente entronización de la imagen marcó un momento especialmente significativo para la comunidad, ya que representó la culminación de un proceso que llevó años de trabajo y organización por parte de quienes integran el centro misional.
“El domingo pasado realizamos la entronización, una pequeña procesión y una misa que dio nuestro párroco”, explicó.
Luego de la procesión se celebró la Santa Misa presidida por el párroco Adrián Lázaro, acompañado por diferentes diáconos e invitados, en una ceremonia que reunió a vecinos y fieles del barrio en un clima de profunda emoción y devoción.
Cesan también destacó que, más allá de las celebraciones religiosas, el Centro Misional busca mantenerse abierto a la comunidad, promoviendo la participación de los vecinos y generando espacios de encuentro y acompañamiento para quienes deseen acercarse.
“Hay mucha gente atrás de este centro. Si bien celebramos la misa los terceros domingos de cada mes a las 17 horas, la gente que quiera pasar a conocerlo en otro momento puede contactarse con alguno de nosotros y coordinamos, ya que este centro misional es de todos. Eso es lo que queremos lograr, que más gente venga y lo conozca”, expresó.
Por otra parte, la colaboradora también se refirió a una de las celebraciones más importantes para la comunidad del barrio, que cada año convoca a vecinos y visitantes en torno a la devoción por la Virgen.
“Cada año realizamos la fiesta de la Virgen del Canchillo, el evento más importante de la comunidad de Río Luján, que con el tiempo ha ido creciendo y convoca a cada vez más vecinos. En esa oportunidad aprovechamos para juntar recursos para hacer las cosas que van faltando en el centro y, por suerte, la gente siempre acompaña. Es una fiesta a la que asiste mucha gente, de la ciudad y de alrededores”, explicó.
Durante la charla, Cesan también se refirió a uno de los desafíos que enfrenta actualmente la comunidad del Centro Misional, vinculado con la participación de los vecinos en las actividades religiosas. Si bien el espacio se ha ido consolidando con el paso de los años y cuenta con el acompañamiento de muchos vecinos del barrio, la colaboradora señaló que todavía queda el desafío de lograr que más personas se acerquen a las celebraciones y se involucren activamente en la vida del lugar.
“Es una tarea pendiente hacer que los jóvenes y las familias se acerquen y se comprometan, porque este es un lugar de todos. Si bien siempre nos ven a nosotros, está abierto a toda la comunidad”, señaló.
En ese sentido, también destacó el compromiso de quienes sostienen el funcionamiento cotidiano del lugar. Un pequeño grupo de vecinos se encarga de abrirlo, mantenerlo en condiciones y organizar muchas de las actividades que se realizan durante el año, una tarea que implica dedicación constante y un fuerte sentido de pertenencia con el espacio que supieron construir con el esfuerzo de la comunidad.
“Para nosotras, que somos un grupo de alrededor de doce personas que colaboramos en el centro, fue una alegría enorme poder llegar a este logro después de todos los retos que tuvimos en el medio. Hoy abrimos y entramos y está todo igual a como lo dejamos”, agregó.
Al referirse a lo que significó en lo personal la concreción de este proyecto, Cesan reconoció que la entronización de la Virgen y la consolidación del centro misional representan también una realización a nivel humano y espiritual para quienes vienen acompañando este proceso desde sus inicios.
“Para mí puntualmente me siento realizada como vecina, como católica y como colaboradora. Siento que el proyecto está”, expresó.
Sin embargo, confesó que muchas veces la intensidad del trabajo cotidiano y la dinámica que implicó sacar adelante el centro misional no siempre les permitió dimensionar completamente todo lo que fueron logrando con el paso del tiempo.
“Por la vorágine del mismo proyecto muchas veces no llegamos a darnos cuenta al cien por ciento de los sentimientos que tenemos al ver este proyecto terminado”, señaló.
En ese sentido, volvió a remarcar la importancia de que el espacio continúe creciendo con la participación de los vecinos, ya que el objetivo de quienes lo sostienen es tratar que cada vez más personas se acerquen y se sientan parte de la comunidad.
“Vuelvo a repetir que ojalá los vecinos se acerquen más y sientan que esto es de todos, no solo de uno. Por eso queremos que más vecinos y familias nos conozcan”, concluyó.
Al hablar sobre los próximos desafíos, Cesan explicó que, si bien la entronización de la Virgen representa un paso muy importante para la comunidad, todavía quedan algunos proyectos por concretar para seguir mejorando el espacio y acompañar el crecimiento de las actividades que allí se desarrollan.
“Tenemos proyectado hacer un campanario, ya que tenemos la campana, pero faltaría la obra del campanario y también hacer el cielorraso. Estos son los dos proyectos más grandes que tenemos. Por eso recalco que quien quiera colaborar puede hacerlo: no hay mínimo ni máximo, la colaboración es con lo que cada uno pueda”, comentó.
La concreción de estos objetivos forma parte del mismo espíritu comunitario que permitió levantar el espacio y sostenerlo a lo largo de los años. Desde el hallazgo de la imagen en el año 2000 hasta la reciente entronización en su lugar definitivo, la historia de la Virgen del Rosario del Rincón del Canchillo está profundamente ligada al compromiso de los vecinos de Río Luján, que con esfuerzo, dedicación y gestos solidarios fueron acompañando cada etapa de este camino.
Hoy, el lugar se ha convertido en un punto de encuentro para la fe, la oración y la vida comunitaria del barrio. Las celebraciones, las actividades solidarias y las distintas iniciativas que se organizan durante el año reflejan el deseo de mantener vivo un espacio que nació del compromiso colectivo y que sigue creciendo gracias al acompañamiento de la comunidad.
Desde el grupo de colaboradores remarcan que quienes deseen acercarse a conocer el lugar, participar de las celebraciones o colaborar con los proyectos que aún quedan por realizar pueden hacerlo comunicándose con Ana María Cesan, quien forma parte del equipo que sostiene diariamente su funcionamiento. También invitan a los vecinos que quieran realizar donaciones o aportar materiales y recursos para las obras pendientes, recordando que toda ayuda suma para continuar fortaleciendo este espacio que, como destacan desde la comunidad, “es de todos y para todos”.



