lunes, febrero 9, 2026
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Entre la modernización y la multa: el debate por el peaje automático

La frase comenzó a multiplicarse en carteles viales, comunicados oficiales y publicaciones en redes sociales: “Sin TelePASE es multa”. Lo que para algunos representa una advertencia clara dentro de un sistema ya conocido, para otros se convirtió en el disparador de reclamos, dudas y cuestionamientos sobre la manera en que se implementan los cambios tecnológicos en servicios de uso cotidiano.

El esquema de peaje automático se apoya en un modelo de cobro electrónico que elimina las cabinas manuales y exige que los vehículos estén previamente registrados mediante el sistema TelePASE o a través de la identificación de la patente. La normativa que regula su funcionamiento se encuentra publicada en el Boletín Oficial de la Ciudad de Buenos Aires y establece que circular por carriles exclusivos o tramos sin barreras sin estar adherido al sistema constituye una infracción, incluso cuando el conductor manifieste la intención de pagar el peaje posteriormente.

Desde los organismos responsables explican que la digitalización del sistema busca agilizar el tránsito, reducir demoras y mejorar la fluidez en corredores de alta circulación. Se trata de un modelo que ya funciona en distintas ciudades del mundo y que, según sostienen, permite optimizar tiempos de viaje y disminuir la congestión vehicular. Sin embargo, la experiencia de los usuarios muestra que la transición no se vive de manera uniforme.

En los comentarios que surgieron tras la difusión de la advertencia, una parte de los automovilistas expresó desconocimiento sobre la obligatoriedad del TelePASE. “Pasé como siempre, pensando que podía pagar, y después me encontré con la infracción”, relataron algunos conductores. Otros señalaron que la señalización no siempre resulta clara o que el cambio de modalidad no fue comunicado de manera suficiente, especialmente para quienes no transitan de forma habitual por autopistas.

También aparecieron reclamos vinculados a cuestiones técnicas. Usuarios afirmaron que, aun teniendo el dispositivo, en algunos casos la lectura no se realiza correctamente, lo que deriva en sanciones que luego deben ser reclamadas. “El sistema falla y la responsabilidad termina siendo del conductor”, expresaron en varios mensajes, apuntando a la dificultad de resolver estos inconvenientes de manera ágil.

Un aspecto que atraviesa buena parte de las opiniones es la relación entre el avance tecnológico y los distintos perfiles de usuarios. Para muchos, el uso de aplicaciones, registros online y medios de pago digitales forma parte de la rutina diaria. Para otros, en cambio, estos procesos representan una barrera. En los comentarios se repite la referencia a personas mayores o a conductores que no están familiarizados con trámites digitales. “No todos saben usar una app o hacer gestiones por internet”, advirtieron varios usuarios, al tiempo que señalaron que el sistema no contempla suficientemente estas diferencias.

La cuestión generacional aparece como uno de los ejes del debate. Mientras los conductores más jóvenes suelen adaptarse con mayor facilidad a los cambios tecnológicos, otros sectores enfrentan dificultades para acceder a la información, completar los trámites o comprender el funcionamiento del sistema. En ese contexto, la obligatoriedad del peaje automático es percibida por algunos como una imposición que no tiene en cuenta las distintas realidades de quienes circulan por las rutas y autopistas.

Otro grupo de reclamos proviene de quienes utilizan estos corredores de manera ocasional. Conductores del interior, personas que viajan esporádicamente o usuarios que no están acostumbrados a los peajes electrónicos manifestaron que el sistema no siempre ofrece alternativas claras para casos puntuales. “No uso autopistas todos los días, no sabía que ya no se podía pagar”, fue una de las frases que se repitió en los intercambios.

Al mismo tiempo, el debate también mostró posiciones favorables al nuevo esquema. Algunos usuarios señalaron que el TelePASE puede gestionarse de manera gratuita y que la digitalización es parte de un proceso inevitable de modernización. Desde esta mirada, las sanciones funcionan como un mecanismo para ordenar el sistema y evitar conductas indebidas en carriles exclusivos.

El cruce de opiniones deja en evidencia una tensión que va más allá del uso del TelePASE. En el fondo, lo que se discute es cómo se implementan los procesos de digitalización en servicios esenciales y de uso masivo, y qué grado de acompañamiento reciben los usuarios durante esas transiciones. La modernización, sostienen algunos especialistas, no solo implica incorporar tecnología, sino también garantizar información clara, señalización adecuada y canales de asistencia accesibles.

En este escenario, la normativa respalda el funcionamiento del sistema de peaje automático, pero la experiencia cotidiana de los conductores expone zonas grises: desconocimiento, fallas técnicas, dificultades de adaptación y brechas generacionales. La advertencia “Sin TelePASE es multa” sintetiza, en pocas palabras, un cambio profundo en la forma de circular y pagar, pero también refleja los desafíos que surgen cuando la tecnología avanza más rápido que la capacidad de adaptación de una parte de la sociedad.

La discusión continúa abierta y plantea un interrogante que se repite en otros ámbitos atravesados por la digitalización: cómo lograr que los cambios orientados a la eficiencia no se traduzcan en exclusión, confusión o sanciones inesperadas, y de qué manera el Estado puede acompañar a los usuarios para que la modernización sea, además de efectiva, equitativa.

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